Hay jugadores que entrenan bien, saben el tenis que tienen y, sin embargo, cuando llega una situación importante de partido empiezan a dudar. Aparecen los nervios, el miedo a equivocarse y esa sensación de no ser capaces de jugar con la misma valentía con la que lo harían en otras circunstancias. La reacción lógica suele ser buscar una forma de controlar esos nervios. Pero ¿qué ocurre cuando los nervios no son realmente el origen del problema?
👉 Sigue leyendo para descubrir por qué intentar controlar tus nervios puede impedirte ver qué es lo que realmente está condicionando tu forma de competir.