Querer conseguir un objetivo no es lo mismo que estar construyendo las conductas necesarias para alcanzarlo
Puedes quererlo muchísimo. Puedes intentarlo de verdad. Puedes tener razones perfectamente comprensibles. Pero, al final, hay una pregunta que marca la diferencia: ¿lo hiciste o no lo hiciste?
👉 Sigue leyendo… porque mientras un jugador se evalúe por lo que quería hacer, puede sentirse profundamente comprometido. El verdadero cambio empieza cuando observa lo que está haciendo realmente.
En el deporte de alto rendimiento hablamos constantemente de objetivos: «Quiero entrar en ITF», «Quiero conseguir mis primeros puntos», «Quiero ser Top 500», «Quiero ser profesional». Y probablemente, cuando un jugador lo dice, lo siente de verdad.
El problema aparece cuando confundimos querer un resultado con estar construyendo ese resultado. Porque entre ambos existe algo mucho menos atractivo que el sueño, pero mucho más determinante: la conducta.
La buena intención no sustituye a la conducta
Hay una frase que escucho constantemente en jugadores jóvenes: «Yo quería hacerlo». Y después aparecen las explicaciones: «Lo intenté», «Pensaba hacerlo después», «Esta semana no pude», «Estaba cansado», «Se me olvidó» o «Es que pasó esto…».
Y quiero dejar algo muy claro: esas explicaciones pueden ser completamente ciertas. No necesariamente existe mala fe. El jugador puede haber querido cumplir de verdad e incluso puede sentirse sinceramente mal por no haberlo hecho.
Pero nada de eso modifica el hecho observable: ¿hizo aquello con lo que se había comprometido o no lo hizo?
Esta pregunta puede resultar incómoda, pero es una de las preguntas más importantes que puede aprender a hacerse un deportista. Porque mientras continúe evaluándose por sus intenciones, siempre encontrará una manera de sentirse comprometido. Cuando empieza a evaluarse por sus conductas, empieza a desarrollar responsabilidad.
El éxito no negocia con nuestras explicaciones
El éxito tiene una característica que a veces resulta difícil aceptar: es tremendamente indiferente a nuestras explicaciones.
Una explicación puede ayudarnos a comprender por qué ocurrió algo. Pero comprender una conducta no significa eliminar sus consecuencias.
Si un jugador decide realizar cinco sesiones de trabajo físico y realiza dos, el hecho observable son dos. Si se compromete a hacer determinado trabajo mental durante una semana y no lo hace, su intención no convierte ese trabajo en realizado. Si decide mantener determinada conducta durante un partido y abandona ese compromiso en cuanto aparece la frustración, también tenemos información.
No necesitamos juzgarle.
Necesitamos mirar el dato.
Porque ahí empieza el aprendizaje.
Pero cuidado: resultado no significa ganar siempre
Aquí existe una distinción fundamental. Un tenista no puede controlar completamente el resultado de un partido. Puede prepararse extraordinariamente bien, competir con valentía, ejecutar correctamente su estrategia y perder. Puede hacer un gran torneo y no conseguir los puntos que esperaba. Puede cumplir perfectamente su proceso y encontrarse enfrente con un jugador mejor ese día.
Por eso, cuando hablo de hechos y resultados, no estoy diciendo: «Si no ganas, has fracasado».
Estoy diciendo algo muy diferente: el jugador tiene que aprender a responsabilizarse de aquello que sí depende de él.
¿Cumplió su planificación? ¿Hizo el trabajo acordado? ¿Sostuvo su rutina? ¿Entrenó con la intensidad comprometida? ¿Aplicó aquello que estaba trabajando? ¿Asumió su responsabilidad cuando no lo hizo?
Eso sí podemos observar.
Y ahí las intenciones dejan paso a los hechos.
El peligro de explicar demasiado
Hay un momento especialmente importante en el desarrollo de un jugador joven. Ha adquirido un compromiso, no lo ha cumplido y aparece una consecuencia.
Entonces comienza la negociación: «Pero yo quería…», «Pero tienes que entender que…», «Dame otra oportunidad porque…», «Es que realmente sí lo estaba intentando…».
Aquí padres, entrenadores y profesionales tenemos que tener mucho cuidado. Porque podemos cometer un error con la mejor de las intenciones: rescatar al jugador de la consecuencia de su propia decisión.
Cuando hacemos eso repetidamente, puede aprender algo muy diferente de lo que pretendíamos enseñarle: que después de no cumplir todavía puede negociar suficientemente bien para que la consecuencia desaparezca.
Entonces deja de concentrar su energía en preguntarse «¿Qué hice?» y empieza a utilizarla para conseguir que los demás comprendan «¿Por qué no lo hice?».
La diferencia psicológica es enorme. Una posición desarrolla responsabilidad. La otra puede mantener la dependencia.
Ser consecuentes también es educar
Para los padres esto puede resultar especialmente difícil. Porque cuando vemos sufrir a un hijo aparece inmediatamente el deseo de ayudar. Y ayudar parece significar muchas veces quitarle el malestar.
Pero desarrollo y comodidad no siempre van de la mano.
A veces ayudar significa precisamente no retirar una consecuencia que ya estaba establecida y que el jugador conocía. No como castigo. No desde la dureza. No desde el enfado. Sino desde la coherencia.
Si las condiciones estaban claras, el jugador las comprendió, decidió aceptarlas y sabía cuáles serían las consecuencias, mantenerlas transmite un mensaje muy poderoso:
Tus decisiones importan.
Y también:
Confío suficientemente en ti como para permitirte hacerte responsable de ellas.
De la dependencia a la autonomía
Este aprendizaje va mucho más allá del tenis. Un jugador que necesita constantemente que sus padres, su entrenador o su entorno le recuerden lo que tiene que hacer todavía depende de una autoridad externa.
Alguien tiene que perseguirle, recordárselo, motivarle y solucionar después las consecuencias.
Pero el alto rendimiento exige progresivamente otra estructura interna. El jugador necesita desarrollar responsabilidad, entendiendo «esto depende de mí»; autoridad interna, dejando de necesitar que alguien le obligue; autonomía, tomando decisiones y respondiendo por ellas; y coherencia, haciendo que sus conductas empiecen a parecerse a sus objetivos.
Ahí se produce un cambio enorme.
Ya no tenemos simplemente a un jugador que quiere llegar. Estamos construyendo a una persona capaz de sostener aquello que exige llegar.
¿Qué dicen realmente tus conductas sobre tu objetivo?
Esta es una pregunta que utilizo mucho en el trabajo de alto rendimiento. No pregunto solamente: «¿Cuánto quieres conseguirlo?»
Pregunto:
«Si yo solamente pudiera observar tus conductas y no pudiera escuchar lo que dices, ¿qué pensaría que quieres conseguir?»
La respuesta puede ser incómoda. Pero también puede ser extraordinariamente liberadora.
Porque deja de convertir el problema en una cuestión de personalidad: «Soy vago», «No tengo suficiente mentalidad», «No valgo». Y lo transforma en algo mucho más concreto:
Hay una distancia entre mi objetivo y mis conductas.
Y una conducta puede trabajarse.
Cuando haces visible lo oculto, deja de jugar en tu contra
En flowandgrow no trabajamos únicamente sobre el síntoma visible. No se trata solamente de que el jugador deje de enfadarse, tenga más confianza, gestione mejor los nervios o piense en positivo.
Buscamos la raíz.
¿Qué ocurre internamente para que un jugador diga que quiere algo y después no sostenga las conductas necesarias para construirlo? ¿Por qué necesita que le persigan? ¿Por qué evita determinadas responsabilidades? ¿Por qué negocia cuando aparece una consecuencia? ¿Por qué necesita protegerse detrás de una explicación? ¿Por qué sabe perfectamente qué debería hacer y, sin embargo, no lo hace?
Ahí empieza el verdadero trabajo mental.
Porque el objetivo no es crear un jugador obediente. Es exactamente lo contrario: crear un jugador autónomo.
Un jugador capaz de decidir, comprometerse, ejecutar, equivocarse, asumir las consecuencias, aprender y volver a decidir mejor.
La intención señala el camino. La conducta demuestra el compromiso
Tener una gran intención es importante. Tener un gran sueño también. Pero ninguno de los dos construye por sí solo una carrera deportiva.
Hay un momento en el desarrollo de cualquier deportista en el que tiene que dejar de preguntarse cuánto desea algo y empezar a observar qué está haciendo realmente para conseguirlo.
Porque entre el jugador que quiere llegar y el jugador que está construyendo las condiciones para llegar existe una diferencia fundamental:
sus conductas.
Y ahí comienza la responsabilidad. 💙
¿Existe una distancia entre lo que tu hijo dice que quiere y lo que realmente está haciendo?
🎾 Si tu hijo/a tiene grandes objetivos en el tenis, pero existe una distancia entre lo que dice que quiere y lo que realmente está haciendo para conseguirlo, no siempre es falta de motivación, disciplina o carácter. Muchas veces existe una estructura interna detrás de esas conductas que todavía no se ha trabajado.
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Analizaremos dónde está ahora tu hijo/a, qué patrones pueden estar frenando su evolución y qué necesita desarrollar para avanzar hacia sus objetivos con mayor autonomía, responsabilidad y fortaleza mental.
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Prof. Dra. Maite Iriarte Rego
Doctora en Psicología · Máster en Psicología del Deporte
Mental Coach de tenis · CEO de flowandgrow Mental-Coaching S.
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