Antes de empezar, hablemos claro: las condiciones también forman parte del rendimiento

Antes de empezar, hablemos claro: las condiciones también forman parte del rendimiento

Antes de empezar, hablemos claro: las condiciones también forman parte del rendimiento

 

El trabajo mental no ocurre aislado: para que un proceso funcione necesitamos comprender qué condiciones rodean al jugador y qué necesita construir para sostener aquello que quiere conseguir

Cuando una familia decide trabajar la parte mental de un jugador, normalmente existe una razón. Quizá el jugador no compite como entrena, se bloquea cuando tiene que cerrar los partidos, pierde la confianza después de varios errores o la presión del ranking empieza a pesar demasiado. O quizá los padres simplemente entienden que, si su hijo quiere avanzar en el tenis de competición, su desarrollo mental y emocional tiene que crecer al mismo ritmo que su tenis.

👉 Sigue leyendo… porque querer empezar un proceso no es suficiente. Antes necesitamos saber qué condiciones existen realmente alrededor del jugador y cuáles tendremos que construir para que ese proceso pueda funcionar.

Entonces llega una decisión: «Queremos empezar».

Perfecto. Pero antes de empezar, hay una conversación que para mí es imprescindible. Porque no me interesa únicamente saber si queréis trabajar conmigo. Necesito saber: ¿qué condiciones existen realmente alrededor de este jugador para que el proceso pueda funcionar?

El jugador no existe solamente cuando entra en una pista

A veces analizamos los problemas de un joven tenista como si todo sucediera dentro de las líneas de una pista. Pero un jugador de competición puede estar sosteniendo simultáneamente entrenamientos, torneos, viajes, colegio o universidad, exámenes, preparación física, clases particulares, familia, amigos y descanso.

Y, además, tiene que encontrar tiempo para ser adolescente.

Todo eso llega con él a la pista. Y todo eso puede influir en su capacidad para aprender, competir, recuperarse, comprometerse y gestionar emocionalmente lo que está viviendo.

Por eso, cuando trabajo con un jugador, no puedo mirar únicamente al jugador de tenis. Necesito comprender a la persona y el sistema en el que esa persona está intentando desarrollarse.

El problema no es tener muchas exigencias

Esto es importante. Mi objetivo no es construir alrededor de un jugador una vida sin dificultades. Eso no sería alto rendimiento.

A medida que un tenista avanza, probablemente las exigencias aumentarán. Habrá más torneos, más viajes, más presión, más decisiones, más expectativas y, en determinadas etapas, tendrá que compatibilizar todo eso con una enorme exigencia académica.

Por eso la pregunta no debería ser: «¿Cómo conseguimos que no tenga presión?»

La pregunta debería ser:

«¿Qué necesita desarrollar para poder sostener las exigencias que implica aquello que quiere conseguir?»

Y ahí empieza también el entrenamiento mental.

«Ya encontraremos el momento»

Esta frase puede parecer inofensiva, pero es una de las cosas que conviene revisar antes de iniciar cualquier proceso.

«Ya encontraremos el hueco», «Seguro que podemos organizarnos», «Cuando lleguen los torneos veremos cómo lo hacemos», «Después de los exámenes estaremos más tranquilos» o «Ahora tiene muchísimo, pero dentro de unos meses tendrá menos».

Quizá sí.

O quizá no.

Porque existe una realidad que las familias de jugadores competitivos conocen perfectamente: siempre hay algo. Termina un torneo y empieza otro. Terminan unos exámenes y aparece una nueva exigencia académica. Cambia el entrenador, llega una lesión, aumenta el volumen de entrenamiento, hay que viajar, cambia el calendario o aparece una oportunidad deportiva inesperada.

Esperar constantemente a que desaparezcan todas las exigencias puede significar esperar un momento que nunca llega.

Pero tampoco se trata de meter una cosa más

Y aquí está el matiz importante. La solución tampoco consiste en llenar todavía más una agenda que ya está desbordada.

El entrenamiento mental no debería convertirse en «otra cosa que mi hijo tiene que hacer».

Si queremos desarrollar responsabilidad, autonomía, regulación emocional y capacidad de decisión, el propio proceso tiene que estar integrado de manera coherente en la vida del jugador.

Por eso necesito conocer las condiciones antes de empezar. No para buscar obstáculos, sino para diseñar el proceso teniendo en cuenta los obstáculos que ya existen.

Una dificultad conocida puede integrarse

Hay una diferencia enorme entre descubrir antes de empezar que un jugador va a atravesar tres meses académicamente muy exigentes y descubrirlo cuando llevamos seis semanas trabajando.

En el primer caso podemos hablar, organizar, anticipar, establecer prioridades, decidir qué es realista e incluso valorar si este es el momento adecuado. En el segundo, probablemente estaremos reaccionando.

Por eso suelo pensar así:

Una dificultad que conozco antes de empezar puedo integrarla en el proceso. Una dificultad importante que desconozco puede terminar interfiriendo en él.

La información cambia la calidad de nuestras decisiones.

Las preguntas que tenemos que hacernos antes

Antes de comenzar un proceso de entrenamiento mental, hay determinadas conversaciones que merece la pena tener. No solamente con el profesional, sino también dentro de la propia familia.

¿Qué disponibilidad real tiene el jugador? ¿Qué quiere conseguir? ¿Qué nivel de implicación está dispuesto a asumir? ¿Cómo son los próximos meses académicamente? ¿Qué calendario competitivo tiene? ¿Cuánto viaja? ¿Qué otros profesionales intervienen en su desarrollo?

También necesitamos saber si los padres están alineados, si el jugador entiende por qué va a empezar este trabajo, si hay algún cambio importante previsto o si existe algo que podría hacer que dentro de dos meses la familia dijera: «Ahora no podemos continuar».

Estas preguntas no pretenden encontrar una razón para no empezar. Pretenden hacer exactamente lo contrario:

descubrir cómo tenemos que hacerlo para que funcione.

Compromiso no significa decir «sí»

Esta es otra distinción importante. A veces confundimos intención con compromiso.

Querer algo es importante. Pero comprometerse implica comprender qué condiciones requiere aquello que queremos construir.

Un jugador puede decir que quiere mejorar, subir de ranking, jugar ITF, conseguir una beca universitaria o incluso ser profesional. Pero cada una de esas decisiones tiene condiciones.

Y una de las grandes competencias que necesita desarrollar un deportista es precisamente esta: aprender a crear las condiciones que requiere aquello que ha decidido que quiere.

Eso también es mentalidad de alto rendimiento.

No podemos añadir indefinidamente sin priorizar

Cuando una agenda está completamente llena, hay una pregunta incómoda pero necesaria: ¿qué es prioritario?

Porque priorizar no consiste en intentar hacerlo todo. Priorizar significa decidir qué merece espacio.

Y eso implica, algunas veces, reorganizar, reducir, delegar, renunciar, cambiar horarios o aceptar que una determinada actividad no puede ocupar el mismo lugar que ocupaba antes.

Si cada nueva necesidad simplemente se añade encima de todo lo anterior, llegará un momento en el que el problema no será la falta de tiempo.

Será la falta de capacidad para decidir.

Y esa capacidad de decisión también forma parte de la educación de un joven deportista.

El alto rendimiento necesita arquitectura

Hay una idea que atraviesa gran parte de mi metodología: el rendimiento no depende únicamente de lo que el jugador sabe hacer. Depende también de la arquitectura que sostiene lo que quiere hacer.

Un jugador puede tener un tenis extraordinario, un gran entrenador, estar físicamente preparado y disponer de recursos. Pero si alrededor existe caos constante, decisiones contradictorias, falta de descanso, exceso de control o ausencia de prioridades, mantener el rendimiento se vuelve mucho más difícil.

Por eso no trabajo solamente sobre lo que sucede durante un partido. Trabajamos sobre la persona que tiene que entrar en ese partido.

Su capacidad de decidir, de responsabilizarse, de gestionar presión, de comunicar, de establecer prioridades, de adaptarse, de sostener incertidumbre y, progresivamente, de liderar su propia carrera.

Antes de empezar, hablemos claro

Cuando una familia llega a flowandgrow, no necesito que me presente una situación perfecta. No existen familias perfectas, no existen calendarios perfectos y probablemente tampoco existe el momento perfecto.

Lo que necesito es conocer la realidad.

Porque cuando conocemos la realidad podemos tomar decisiones. Y cuando tomamos buenas decisiones podemos construir condiciones.

Por eso, antes de empezar, prefiero hablar de aquello que puede ser difícil: de los estudios, de los torneos, de los horarios, de las dudas, de la disponibilidad, del compromiso del jugador, de las expectativas de los padres y de cualquier circunstancia que pueda influir en el proceso.

No para decidir por qué no podemos hacerlo.

Sino para responder a una pregunta mucho más poderosa:

¿Qué condiciones necesitamos crear para que esto funcione?

Porque el alto rendimiento no consiste en esperar a que aparezcan las condiciones perfectas.

Consiste en aprender a construir las condiciones que necesita aquello que queremos conseguir. 💙

¿Quieres saber qué necesita tu hijo?

🎾 Si tu hijo compite en tenis y quieres valorar qué está ocurriendo en su desarrollo mental, qué necesita trabajar y si vuestra familia y mi metodología pueden encajar, puedes reservar una sesión gratuita de evaluación personal:

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Maite Iriarte Rego
Mental Coach de tenis · flowandgrow

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