«Las emociones influyen en cada acción y decisión sobre la pista de tenis» (Carl Peterson).
Naomi Osaka se tapa los oidos para no oir, para no sentir durante su final en el Australian Open tras perder el segundo set después de no aprovechar tres bolas de partido. La joven jugadora japonesa utiliza distintas estrategias para salir del drama y para que sus emociones no la juegen una mala pasada, saliendo de la pista con la cabeza cubierta por su toalla, tapandose los oidos para encontrar paz y tranquilizandose a sí misma con pensamientos de agradecimiento por estar en la final del Australian Open como confesó en su rueda de prensa como ganadora de la gran final. Naomi Osaka sacó su mejor «Poker face» y pudo anular sus emociones completamente.
Tanto que le fué dificial mostrar alegria, entusiasmo o eufória al ganar su segundo título de Grand Slam y al confirmarse como una de las nuevas grandes estrellas en el circuito femenino. No pudo destapar sus emociones que tanto habia logrado apartar de su tenis durante el partido. Ya en rueda de prensa comentó que si conseguía no estar tan «emocional» si no tener paz y tranquilidad interna, su tenis mejoraba muchísimo. Sabedora de todo este potencial Naomi Osaka ha sabido tapar sus emociones pero no destaparlas en los momentos que eran necesarios para disfrutar de verdad de su victoria sin precedentes al proclamarse nueva número uno del mundo. Su gran reto es encontrar la madurez y el equilibrio emocional que está buscando.
El manejo emocional es piscológicamente hablando uno de los temas más importantes en el tenis de competición tanto en la élite del tenis o en el tenis juvenil o de formación. Saber regular y manejar las propias emociones es el reto más importante de muchos jugadores, sin importar lo campeones y experimentados que sean.
En este Australian Open Rafael Nadal sale a la Rod Laver emocionalmente impresionado por un Novak Djokovic que se le antoja invencible en Australia, haciendo más errores no forzados de lo habitual, que el serbio castiga sin piedad. Pablo Carreño pierde los nervios en el Tie-Break del set definitivo y le cuesta la victoria en su partido contra Kei Nisikori. Y Serena Williams hace el ridículo en la final del US Open 2018, perdiendo todos los papeles y poniendose en evidencia al comportarse infantilmente y estropeando el nacimiento de una nueva estrella mundial: Naomi Osaka.
Por no hablar de carreras tenísticas que serían muy distintas con una madurez e inteligencia emocional como son las carreras de Kyrgios o Fognini por poner dos ejemplos archiconocidos. Para todo tenista profesional es importantísimo saber «Tener emociones en vez de que las emociones te tengan a tí». Estoy segura de que a Pablo le dá ahora mucha rabia haber perdido el control sobre sí mismo y mucho más haber perdido ese partido contra Kei Nisikori que podía haber ganado si hubiese sabido manejar mejor su rabía y su ira. Como a Osaka le gustaría en sus dos ceremonia de trofeos haber estado más contenta y alegre en vez de tan reservada.
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