No esperes al bloqueo para entrenar la mente

No esperes al bloqueo para entrenar la mente

No esperes al bloqueo para entrenar la mente

La preparación mental no es un tratamiento de urgencia: forma parte del desarrollo del jugador

Hay una idea que todavía escucho con mucha frecuencia cuando hablo con familias de jugadores de competición: «Ahora está bien. Si más adelante aparece algún problema mental, ya buscaremos ayuda». Entiendo perfectamente de dónde viene esta forma de pensar. Durante muchos años, la preparación mental se ha presentado en el deporte como una especie de recurso de emergencia al que recurrimos cuando el jugador empieza a bloquearse, pierde confianza, tiene miedo a competir, no consigue cerrar partidos o deja de rendir al nivel que muestra durante los entrenamientos.

👉 Sigue leyendo… porque quizá el mejor momento para empezar a desarrollar la mente de un jugador sea precisamente cuando todavía no existe ningún problema que solucionar.

Sin embargo, esta forma de entender el trabajo mental plantea una pregunta que para mí es fundamental: ¿por qué esperamos a que aparezca un problema para empezar a desarrollar capacidades psicológicas que sabemos que el jugador va a necesitar durante toda su carrera?

No hacemos eso con ninguna de las demás áreas del rendimiento. No esperamos a que un jugador pierda su derecha para entrenarla, ni a que tenga problemas físicos para empezar a desarrollar fuerza, resistencia o movilidad. Tampoco esperamos a que llegue a un partido importante para enseñarle táctica.

Todas esas capacidades se entrenan progresivamente porque sabemos que serán necesarias cuando aumenten las exigencias. La preparación mental debería entenderse de la misma manera.

La preparación mental no es un tratamiento de urgencia

Existe una asociación que todavía está demasiado presente: jugador que se bloquea, pierde confianza, tiene miedo, no consigue cerrar partidos o empieza a perder… mental coach.

Pero esta visión reduce enormemente lo que puede aportar el desarrollo psicológico al deportista. Naturalmente, podemos intervenir cuando existe un problema y debemos hacerlo. Pero mi trabajo no consiste únicamente en intervenir cuando algo deja de funcionar.

Consiste en desarrollar la arquitectura interna del jugador antes de que las exigencias superen su capacidad para sostenerlas.

La literatura sobre entrenamiento psicológico en deportes de raqueta respalda precisamente la idea de que las habilidades mentales son entrenables. Una revisión sistemática que reunió 27 estudios y 715 participantes —con predominio de investigaciones realizadas en tenis— encontró resultados positivos tanto en habilidades psicológicas como concentración y motivación como en determinados indicadores de rendimiento.

Por tanto, no estamos hablando únicamente de «arreglar» algo cuando falla. Estamos hablando de entrenamiento y desarrollo.

No quiero empezar a construir la confianza cuando el jugador ya la ha perdido

Esta es una de las grandes diferencias entre una intervención reactiva y un proceso de desarrollo. ¿Por qué esperar a que un jugador encadene derrotas y pierda completamente la confianza para empezar a trabajar qué significa realmente confiar en sí mismo? ¿Por qué esperar a que el ranking empiece a condicionar su identidad, a que el miedo al error determine su tenis o a que dependa completamente de las respuestas de sus padres o entrenadores para empezar a desarrollar autonomía?

¿Por qué esperar a que la presión se convierta en un problema?

Podemos trabajar antes. Podemos construir antes. Y, sobre todo, podemos hacer que esas capacidades evolucionen progresivamente junto con el nivel técnico, táctico y físico del jugador.

Un estudio longitudinal con jóvenes tenistas británicos de competición desarrolló precisamente un programa de habilidades mentales orientado a mejorar la utilización y regulación de recursos como el foco y el control emocional. Además, el programa facilitó un lenguaje compartido sobre estas habilidades entre jugadores y entrenador.

Ese enfoque se acerca mucho más a mi manera de entender el desarrollo mental: no esperar a que aparezca la crisis, sino integrar progresivamente el desarrollo psicológico dentro de la formación deportiva.

Si hoy no tiene problemas, tenemos una oportunidad extraordinaria

Un jugador joven puede estar compitiendo perfectamente, disfrutar, ganar, afrontar los torneos con libertad y no mostrar todavía grandes bloqueos. Eso es fantástico.

Pero no significa que no necesite desarrollar su estructura mental. Para mí significa algo diferente: tenemos una oportunidad extraordinaria para construir sin estar condicionados por una crisis.

Porque si ese jugador continúa avanzando, sabemos que las exigencias cambiarán. Llegarán rivales mejores, torneos más importantes, el ranking y las expectativas. Habrá derrotas inesperadas y malas rachas. Quizá haya lesiones, cambios de entrenador, academia o país. Tendrá que tomar decisiones sobre su carrera y probablemente llegará un momento en el que sienta que tiene mucho que perder.

No podemos saber exactamente cuáles serán los problemas. Pero podemos trabajar sobre algo mucho más importante: quién será ese jugador cuando los problemas aparezcan.

La arquitectura interna se construye antes de necesitarla

Cuando hablo de arquitectura interna no estoy hablando simplemente de aprender una técnica de respiración, una rutina o una determinada frase para utilizar durante los partidos. Todas esas herramientas pueden tener valor.

De hecho, existen investigaciones específicas en tenis sobre diferentes herramientas psicológicas. Una revisión sistemática sobre autodiálogo, por ejemplo, analizó su utilización para abordar estrés y ansiedad en tenistas, aunque también señaló que la evidencia específica disponible era todavía limitada.

Pero para mí las herramientas forman parte de algo más amplio. Quiero desarrollar la estructura desde la que el jugador interpreta lo que le ocurre y responde a ello.

Eso requiere tiempo, experiencias, competición y reflexión. Y requiere que aquello que trabajamos vaya integrándose progresivamente en la identidad del jugador.

1. Construir identidad competitiva

Antes de que lleguen los grandes momentos de presión, podemos ayudar al jugador a descubrir quién quiere ser cuando compite. ¿Qué características quiere expresar? ¿Qué tipo de competidor quiere construir? ¿Cómo quiere responder ante la dificultad? ¿Qué permanece cuando gana y cuando pierde?

Una identidad competitiva sólida proporciona un punto interno de referencia. Cuando el marcador, el rival o las expectativas empiezan a empujar al jugador fuera de su centro, tiene algo a lo que volver.

Sabe quién quiere ser. Y cuanto antes empiece a construir esa identidad, menos tendrá que depender posteriormente de las circunstancias para definirla.

2. Desarrollar confianza antes de perderla

También podemos desarrollar una relación más profunda con la confianza. No quiero que un jugador entienda: «Confío porque estoy ganando». Quiero que progresivamente comprenda: «Confío porque conozco quién soy, lo que he construido y cómo quiero responder, independientemente del resultado que esté ocurriendo ahora».

Naturalmente, ganar fortalece determinadas sensaciones. Pero una carrera deportiva inevitablemente contiene derrotas. Por eso necesitamos una confianza capaz de atravesarlas.

Un estudio clásico con tenistas junior de élite que incorporó un programa de entrenamiento mental durante la temporada encontró mejoras en autoconfianza y en indicadores de rendimiento en el grupo que recibió la intervención.

La confianza no es simplemente algo que tenemos o perdemos. También podemos desarrollarla.

3. Construir autonomía antes de crear dependencia

Un jugador joven recibe continuamente información. Sus padres le dicen qué piensan, su entrenador le explica qué tiene que hacer, el preparador físico dirige su trabajo y el mental coach aporta herramientas. Todo eso puede ser necesario.

Pero progresivamente tiene que ocurrir algo: el jugador tiene que empezar a construir sus propias respuestas.

Si esperamos demasiado, podemos encontrarnos con adolescentes técnicamente extraordinarios que todavía necesitan mirar continuamente hacia fuera para saber qué pensar, qué decidir o cómo reaccionar.

Por eso quiero desarrollar autonomía desde el principio: que aprenda a observarse, preguntarse, tomar decisiones, equivocarse, corregir, responsabilizarse y volver. El objetivo no es construir un jugador que siempre necesite una respuesta. Es construir uno que progresivamente aprenda a encontrarla.

4. Crear una relación sana con el error

También podemos trabajar la relación con el error antes de que se convierta en una fuente permanente de frustración. Porque equivocarse no es el problema. En tenis, el error forma parte inevitable del juego.

El problema aparece cuando el jugador interpreta: «Si fallo, estoy jugando mal», «si fallo, voy a perder», «si fallo, no soy suficientemente bueno» o «si fallo, voy a decepcionar».

Entonces el error deja de ser información y empieza a convertirse en una amenaza. Desarrollar una relación diferente con él desde etapas tempranas permite construir jugadores que pueden analizar, corregir y continuar sin necesitar cuestionarse a sí mismos después de cada fallo.

5. Entrenar la gestión emocional antes de la gran presión

Tampoco quiero esperar al gran torneo para que un jugador descubra por primera vez qué hacer con el miedo. La competición ofrece continuamente pequeñas oportunidades para aprender: frustración, nervios, rabia, impaciencia, expectativas o miedo a perder.

Todas ellas pueden convertirse en material de entrenamiento. No para conseguir que desaparezcan, sino para desarrollar progresivamente la capacidad de sentir sin quedar gobernado por aquello que sentimos.

Un jugador puede estar nervioso y competir bien. Puede sentir miedo y tomar una decisión valiente. Puede estar frustrado y volver al siguiente punto. Eso también se aprende.

6. Desarrollar capacidad de retorno

No quiero jugadores que aspiren a estar mentalmente perfectos durante todo el partido. Quiero jugadores capaces de volver.

Porque inevitablemente se desconectarán, pensarán en el resultado, se enfadarán, tendrán miedo, mirarán el marcador o pensarán en lo que ocurrirá si pierden. La cuestión no es impedir que eso ocurra siempre.

La cuestión es: ¿cuánto tardan en regresar?

Regresar al presente, al foco, a aquello que depende de ellos, a su identidad y regresar después del error. Esa capacidad de retorno se puede practicar mucho antes de que llegue el partido más importante de su carrera.

7. Aprender a sostenerse antes de que todo apriete

Finalmente, llegamos a una de las competencias centrales de mi trabajo: sostenerse.

Muchos jugadores pueden expresar un tenis extraordinario cuando las circunstancias son cómodas. El verdadero desafío aparece cuando dejan de serlo. Ahí necesitamos todo lo anterior: identidad, confianza, autonomía, responsabilidad, gestión emocional, foco y capacidad de retorno.

La presión no es el momento de empezar a construir todo eso. Es el momento en el que necesitamos poder utilizar lo que llevamos tiempo construyendo.

No necesitas estar mal para querer desarrollarte

Esta es probablemente la idea que más me interesa transmitir a las familias. Mental coaching no significa: «Hay algo mal en mi hijo y necesitamos arreglarlo».

Puede significar exactamente lo contrario: «Mi hijo tiene potencial y queremos desarrollar la estructura necesaria para poder expresarlo».

No trabajamos el físico porque haya algo mal en el jugador. Lo hacemos porque queremos que sea más fuerte. No desarrollamos su técnica únicamente porque exista un defecto, sino porque queremos aumentar sus posibilidades. Tampoco entrenamos la táctica solamente después de perder un partido. La desarrollamos porque forma parte del juego.

¿Por qué deberíamos tratar la preparación mental de una manera diferente?

De hecho, investigaciones descriptivas con jóvenes tenistas han señalado que, pese a las elevadas demandas mentales del tenis, la preparación técnico-táctica y física puede recibir mucha más atención que el entrenamiento psicológico.

Para mí, esa separación no tiene sentido.

Técnica, físico, táctica y arquitectura interna forman parte del mismo jugador

No existen cuatro jugadores diferentes. Existe uno.

El mismo jugador que golpea la derecha es quien interpreta el error. El mismo cuerpo que hemos preparado físicamente es el que siente la activación antes de cerrar un partido. Y el mismo jugador que comprende perfectamente la táctica es quien tiene que atreverse a ejecutarla cuando tiene miedo.

Todo está conectado. Por eso desarrollamos:

  • Técnica.
  • Físico.
  • Táctica.
  • Arquitectura interna.

No porque exista necesariamente un problema. Porque queremos desarrollar todo el potencial del jugador.

Cuando llega la presión, los cimientos deberían estar ya construyéndose

Naturalmente podemos empezar un proceso cuando existe un bloqueo. Podemos intervenir, ayudar y reconstruir.

Pero hay una enorme diferencia entre enfrentarte a una situación difícil intentando desarrollar en ese momento todos los recursos que necesitas y llegar a ella con una estructura que ya llevas tiempo construyendo.

Por eso mi manera de entender el mental coaching no comienza con la pregunta: «¿Qué problema tiene este jugador?». Comienza mucho antes: «¿Qué persona y qué competidor necesitamos desarrollar para que pueda sostener todo el potencial que tiene?»

Ese cambio de pregunta cambia también nuestra manera de trabajar. Dejamos de esperar al problema y empezamos a construir.

No esperes al bloqueo para entrenar la mente

Los jugadores no necesitan estar mal para trabajar su parte mental. No necesitan haber perdido la confianza, haber desarrollado miedo, llevar meses bloqueándose o esperar a que aparezca una crisis.

Podemos desarrollar antes. Podemos entrenar antes. Podemos construir antes.

Y podemos hacer que la arquitectura interna evolucione al mismo tiempo que evoluciona el tenis.

Porque si queremos formar jugadores capaces de competir a niveles cada vez más altos, no basta con preguntarnos qué golpes necesitarán. Tenemos que preguntarnos también: ¿quiénes necesitarán ser para poder sostenerlos cuando más importe?

Ahí empieza para mí el verdadero desarrollo mental. No cuando aparece el problema. Mucho antes.

Cuando decidimos construir al competidor.

¿Estáis esperando al problema o desarrollando ya la estructura?

Si vuestro hijo o hija tiene compromiso, ambición y potencial, no es necesario esperar a que aparezca un gran bloqueo para conocer en qué momento de su desarrollo mental se encuentra.

En una sesión gratuita de valoración personal podemos analizar su situación, identificar qué estructura está desarrollando actualmente y valorar qué necesita para sostener las exigencias del siguiente nivel de su carrera.

👉 https://flowandgrowtenis.com/mental-coach

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