Muchos jugadores dicen que quieren competir, pero cuando aparecen la frustración, el error o el sufrimiento… algo dentro de ellos empieza a protegerse.
Hay algo que veo constantemente en competición y que suele confundir muchísimo a familias, entrenadores e incluso a los propios jugadores.
Fuera de pista parece que quieren competir. Entrenan, se esfuerzan, piden ir a torneos, hablan de objetivos y tienen ilusión.
Pero cuando llega el momento de competir de verdad, cuando aparecen la presión, el error o la incomodidad emocional, algo cambia.
¿De verdad quiere competir o hay una parte de él que está intentando protegerse?
👉 Sigue leyendo para entender por qué muchos jugadores no se bloquean por falta de tenis, sino porque hay algo mucho más profundo condicionando cómo viven la competición.
Muchas veces creemos que el problema está en el tenis.
En la técnica. En la táctica. En el físico.
Pero la realidad es que, cuando un jugador siente amenaza, miedo al error o miedo a sufrir, el objetivo deja de ser crecer y empieza a ser protegerse emocionalmente.
Y eso cambia completamente la forma de competir.
Porque cuando alguien entra a pista intentando evitar ciertas emociones, ya no está compitiendo desde su verdadero potencial. Está intentando sentirse a salvo.
Ahí empiezan a aparecer cosas que muchas familias reconocen perfectamente:
— El rendimiento baja.
— El jugador se hace pequeño.
— Aparecen la frustración, el enfado, el bloqueo o la desconexión.
Y es aquí donde empieza una reflexión muy importante.
El tenis profesional no selecciona solo talento. Selecciona estructura.
La capacidad de sostener emocionalmente la presión, el error o la frustración pesa mucho más de lo que normalmente imaginamos.
Pero aquí hay algo importante:
Esa estructura no aparece sola.
Y quizá ahí esté una de las razones por las que algunos jugadores, aun teniendo muchísimo tenis, terminan quedándose por el camino.
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