El cambio de tu hijo no depende solo del profesional que elijas

El cambio de tu hijo no depende solo del profesional que elijas

El cambio de tu hijo no depende solo del profesional que elijas

El trabajo mental no termina cuando acaba una sesión. Para que un joven tenista transforme sus patrones y desarrolle autonomía, el entorno también necesita acompañar ese proceso.

Cuando un jugador joven empieza un proceso de trabajo mental, es habitual que toda la atención se coloque sobre el profesional. ¿Será el psicólogo deportivo adecuado? ¿Tendrá experiencia en tenis? ¿Conectará con mi hijo? ¿Conseguirá ayudarle a controlar los nervios, gestionar mejor la frustración o competir con mayor confianza? Son preguntas importantes, pero hay otra que, en mi experiencia, puede ser todavía más determinante: ¿qué ocurre cuando ese jugador termina la sesión y vuelve a su entorno habitual?

👉 Sigue leyendo… porque ningún profesional trabaja en el vacío. Y cuando queremos transformar patrones que llevan tiempo repitiéndose, lo que sucede fuera de las sesiones puede facilitar enormemente el cambio o, sin que nadie lo pretenda, dificultarlo.

El jugador vuelve a casa, con sus padres, con su entrenador, a los entrenamientos, a los torneos, a las expectativas, a los límites y a las dinámicas que forman parte de su vida cotidiana.

Y cuando queremos transformar patrones mentales y emocionales que llevan tiempo repitiéndose, el entorno puede convertirse en un gran facilitador del cambio o, sin pretenderlo, en aquello que lo dificulta.

El problema no siempre es que el jugador no sepa qué hacer

Muchos jugadores jóvenes saben perfectamente lo que deberían hacer. Saben que después de perder un punto tienen que centrarse en el siguiente, que no deberían tirar la raqueta, que necesitan aceptar los errores, escuchar a su entrenador y entrenar con intensidad aunque ese día no tengan ganas.

Saben incluso qué rutina utilizar para respirar, activarse o recuperar la concentración. Y, sin embargo, cuando llega el momento de hacerlo, no consiguen sostenerlo.

¿Por qué?

Porque saber qué hacer y ser capaz de hacerlo cuando aparece la presión son dos cosas completamente diferentes.

Ahí es donde el trabajo mental deja de consistir únicamente en aprender herramientas. El jugador necesita desarrollar una estructura interna que le permita utilizar esas herramientas cuando realmente las necesita.

¿Qué necesita aprender realmente un jugador joven?

Si queremos formar a un deportista progresivamente autónomo, no podemos trabajar únicamente sobre lo que ocurre durante un partido. Necesitamos ayudarle a desarrollar capacidades que van mucho más allá de la pista.

Un jugador necesita aprender progresivamente a escuchar y permanecer presente aunque lo que escucha le incomode, cumplir aquello con lo que se ha comprometido aunque ese día no tenga ganas y tolerar límites sin interpretarlos inmediatamente como un ataque.

También necesita aprender a atravesar la frustración sin desconectarse, abandonar o explotar; aceptar una corrección sin ponerse automáticamente a la defensiva; asumir las consecuencias de sus decisiones y responsabilizarse cada vez más de su tenis y de su comportamiento.

Y necesita desarrollar la capacidad de sostener el esfuerzo cuando desaparece la motivación y hacer lo que necesita hacer aunque no coincida con lo que le apetece en ese momento.

Todo esto también forma parte de la fortaleza mental.

De hecho, en muchos casos constituye la base sobre la que después podremos construir una competición más estable.

La arquitectura interna del jugador

En flowandgrow hablo de arquitectura interna porque mi objetivo no es únicamente modificar determinadas conductas visibles.

Una mala reacción después de un error es el síntoma. La desconexión cuando el partido se complica es el síntoma. La necesidad constante de aprobación es el síntoma. La dificultad para comprometerse, asumir responsabilidad o tolerar la frustración también puede manifestarse en pista.

Pero detrás de esos comportamientos existe una forma determinada de relacionarse consigo mismo, con el error, con la exigencia, con sus padres, con su entrenador y con aquello que desea conseguir.

Por eso, en muchas ocasiones, no basta con decirle «Respira», «Piensa en el siguiente punto», «No te enfades» o «Confía en ti».

El jugador puede conocer todas esas instrucciones y continuar reproduciendo exactamente el mismo patrón.

Porque el problema no siempre está en que no sepa qué hacer.

A veces el verdadero trabajo consiste en desarrollar quién necesita aprender a ser para poder hacerlo cuando realmente importa.

¿Y qué papel tienen los padres?

Aquí aparece una parte fundamental del proceso.

Trabajar con los padres no significa responsabilizarlos de todo lo que le ocurre al jugador. Tampoco significa convertirlos en psicólogos, mental coaches o entrenadores.

Significa comprender que, especialmente cuando trabajamos con menores, los padres forman parte del sistema en el que se está produciendo el cambio. Y acompañar ese proceso requiere algo más que llevar al hijo a una sesión semanal.

Estar alineados

Cuando un padre establece un límite y el otro lo desautoriza en cuanto aparece resistencia, el jugador recibe dos mensajes diferentes.

No se trata de que ambos padres piensen exactamente igual sobre todo. Se trata de construir suficiente coherencia para que aquello que se está intentando desarrollar pueda sostenerse.

Mantener límites aunque aparezca incomodidad

Los límites pierden su función cuando desaparecen en cuanto el adolescente protesta, se enfada o se frustra.

Si queremos desarrollar tolerancia a la frustración, necesitamos permitir que exista cierta frustración. Acompañar no significa eliminar toda incomodidad.

No rescatar continuamente

Cuando cada dificultad provoca inmediatamente la intervención de un adulto para solucionar el problema, el jugador pierde oportunidades de aprender a resolver, asumir consecuencias y desarrollar autonomía.

Ayudar no siempre significa intervenir. En determinados momentos, ayudar significa permitir que el joven experimente las consecuencias naturales de sus decisiones y aprenda a responder ante ellas.

No convertir la explicación en una excusa

Comprender por qué un jugador reacciona de determinada manera es fundamental. Pero comprender una conducta no significa justificarla indefinidamente.

Podemos entender su frustración y, al mismo tiempo, enseñarle que necesita aprender a gestionarla de otra manera. Podemos comprender que está cansado y mantener determinados compromisos. Podemos validar una emoción sin validar cualquier comportamiento derivado de ella.

Esta diferencia es esencial.

La resistencia también forma parte del proceso

Hay otro error frecuente: interpretar cualquier resistencia del jugador como una señal de que el trabajo no funciona.

Cambiar incomoda. Modificar patrones automáticos incomoda. Aceptar responsabilidad incomoda. Descubrir aspectos propios que uno necesita transformar también puede incomodar.

Por supuesto, un jugador debe mostrar una disposición mínima para participar en un proceso. No podemos construir un cambio profundo con alguien que se niega completamente a trabajar.

Pero tampoco podemos exigirle que ya posea antes de empezar toda la madurez, constancia, responsabilidad y capacidad de compromiso que precisamente queremos ayudarle a desarrollar.

Esta distinción es fundamental.

Una cosa es que un jugador no quiera hacer absolutamente nada por cambiar. Otra muy diferente es que quiera avanzar, quiera conseguir sus objetivos y todavía no sepa sostener todo lo que esos objetivos exigen.

En el segundo caso, esa dificultad no necesariamente invalida el proceso.

Puede ser precisamente una parte central del trabajo.

Sostener no significa controlar

Cuando hablo de que los padres deben sostener un proceso, no estoy hablando de controlar constantemente al jugador.

No significa perseguirle para comprobar si ha hecho cada ejercicio, analizar cada partido, preguntarle continuamente qué ha hablado con el profesional ni vigilar cada emoción.

La finalidad es exactamente la contraria.

Queremos que el jugador necesite progresivamente menos estructura externa porque ha desarrollado más estructura interna.

Por eso los padres pueden acompañar siendo coherentes, manteniendo límites claros, permitiendo consecuencias, reforzando la responsabilidad y el proceso en lugar de solamente los resultados, evitando rescatar continuamente y sosteniendo determinadas decisiones cuando aparece resistencia.

Y, sobre todo, devolviendo progresivamente al jugador la responsabilidad sobre su propio proyecto.

El objetivo no es crear dependencia.

El objetivo es desarrollar autonomía.

Cuando el sistema contradice el cambio

Imaginemos que durante el trabajo mental estamos enseñando a un jugador a asumir las consecuencias de sus decisiones, pero cada vez que aparece una consecuencia incómoda, alguien en casa se la elimina.

Estamos transmitiendo dos mensajes diferentes.

Imaginemos que trabajamos tolerancia a la frustración, pero cada vez que el jugador se frustra, los adultos retiran el límite para evitar el conflicto.

Otra contradicción.

O imaginemos que queremos desarrollar compromiso, pero cuando el jugador deja de tener ganas de cumplir algo que había decidido, inmediatamente aceptamos que lo abandone.

De nuevo, dos direcciones diferentes.

No significa que una familia tenga que funcionar perfectamente. Ninguna familia funciona perfectamente.

Significa que, cuando queremos transformar un patrón profundo, necesitamos observar qué elementos del sistema pueden estar reforzándolo sin que nadie sea consciente de ello.

Del jugador sostenido al jugador que aprende a sostenerse

Este es, para mí, uno de los grandes objetivos del trabajo con jugadores jóvenes.

Al principio puede necesitar más acompañamiento, más estructura, más límites externos, más ayuda para identificar lo que le ocurre y más intervención de padres, entrenador y profesional.

Pero el proceso debería avanzar en una dirección muy clara: cada vez más responsabilidad en el propio jugador.

Hasta que llegue un momento en el que no necesite que alguien le recuerde continuamente quién quiere ser, qué necesita hacer o cómo quiere responder.

Habrá construido esa estructura dentro de sí mismo.

Y ahí aparece una combinación muy poderosa:

Padres que saben sostener sin controlar y un jugador que aprende a sostenerse sin depender.

No estamos construyendo solamente mejores competidores

Cuando trabajamos de esta manera, el objetivo no es únicamente conseguir que un jugador gane más partidos.

Por supuesto que queremos que pueda expresar en competición el tenis que tiene. Queremos que deje de perder partidos por patrones mentales y emocionales que le limitan. Queremos que pueda sostener la presión, competir con mayor libertad y avanzar hacia sus objetivos deportivos.

Pero estamos construyendo algo más.

Estamos formando a una persona capaz de responsabilizarse, comprometerse, tolerar la frustración, tomar decisiones, atravesar dificultades y sostener aquello que ha decidido que es importante para ella.

Y esas capacidades permanecerán mucho después de que termine su etapa competitiva.

¿Lleváis demasiado tiempo repitiendo el mismo patrón?

Si tu hijo o hija tiene tenis, trabaja, quiere avanzar y, sin embargo, lleváis meses —o incluso años— viendo las mismas reacciones, bloqueos, discusiones o dificultades en competición, quizá la pregunta no sea únicamente:

«¿Qué herramienta mental necesita?»

Quizá necesitéis preguntaros:

«¿Qué está sosteniendo realmente este patrón y qué tendría que transformarse para que el cambio pueda mantenerse?»

En flowandgrow trabajo desde la raíz de esos patrones, desarrollando junto al jugador y, cuando es necesario, junto a su familia, la arquitectura mental y emocional que necesita para responsabilizarse progresivamente de su propio proyecto deportivo.

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Analizaremos qué está ocurriendo, qué puede estar frenando realmente a tu hijo o hija y si mi metodología es adecuada para ayudaros.

Prof. Dra. Maite Iriarte Rego Psicóloga del Deporte · Mental Coach de tenis flowandgrow 💙

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