¿Elogias a tu hijo… o realmente lo reconoces?

¿Elogias a tu hijo… o realmente lo reconoces?

¿Elogias a tu hijo… o realmente lo reconoces?

 

La diferencia que puede cambiar su desarrollo en el tenis y en la vida

Muchos padres creen que están ayudando a sus hijos cuando después de un partido les dicen: “¡Qué bien has jugado!”, “¡Qué partidazo!” o “Hoy has estado increíble”. Y, por supuesto, no hay nada negativo en expresar orgullo, alegría o satisfacción cuando un hijo consigue algo importante. El problema aparece cuando ese tipo de comentarios se convierten en la única forma de reforzar al jugador y de valorar su evolución.

Porque existe una diferencia enorme entre elogiar y reconocer. Una diferencia que puede influir directamente en cómo un tenista construye su confianza, cómo interpreta sus errores y desde dónde desarrolla su identidad competitiva.

👉 Sigue leyendo… porque la forma en la que acompañamos a un jugador no solo influye en cómo se siente después de un partido, sino también en la persona en la que se está convirtiendo

La diferencia entre elogiar y reconocer

Hace poco escuché una reflexión que me pareció especialmente interesante. En alemán existen dos palabras diferentes para expresar algo que en español solemos resumir con una sola: loben, que significa elogiar, y anerkennen, que significa reconocer.

Aunque puedan parecer similares, desde una perspectiva psicológica apuntan hacia lugares completamente diferentes. El elogio pone el foco en aquello que una persona hace o consigue, mientras que el reconocimiento pone el foco en quién es esa persona y en el proceso de crecimiento que está desarrollando.

Puede parecer una diferencia pequeña, pero tiene una enorme importancia cuando hablamos del desarrollo de un deportista joven.

Porque no es lo mismo transmitirle a un jugador “has hecho algo bien” que transmitirle “estoy viendo quién estás llegando a ser”.

El elogio pone el foco en lo que haces

Cuando un padre dice: “¡Qué bien has jugado!”, “Hoy has sacado fenomenal”, “Qué derecha tienes” o “Sabía que ibas a ganar”, está reforzando una conducta concreta o un resultado obtenido.

Este tipo de mensajes pueden generar satisfacción, motivación y alegría en ese momento. De hecho, sentirse valorado por un buen rendimiento forma parte de una experiencia deportiva saludable.

El problema aparece cuando el jugador empieza a relacionar esa valoración únicamente con que las cosas salgan bien. Si la aprobación llega principalmente cuando gana, juega perfecto o consigue un buen resultado, puede aprender poco a poco que su valor depende de su rendimiento.

Y entonces aparece una dificultad importante: ¿qué ocurre cuando pierde?, ¿qué ocurre cuando juega mal?, ¿qué ocurre cuando atraviesa una etapa donde los resultados no acompañan?

Si durante años el jugador ha recibido principalmente mensajes relacionados con el resultado, puede empezar a sentir que cuando el resultado desaparece también desaparece el reconocimiento.

El reconocimiento pone el foco en quién estás siendo

Reconocer significa mirar más allá del marcador. Significa ser capaz de observar el proceso, la evolución y las cualidades internas que el jugador está desarrollando mientras recorre su camino.

Un padre puede decir: “He visto el valor con el que has competido hoy”, “Me ha gustado cómo has seguido luchando después de ir perdiendo” o “Estoy viendo que cada torneo eres más responsable y más capaz de gestionar los momentos difíciles”.

Estos mensajes no dependen exclusivamente de ganar.

Dependen de observar al jugador desde una perspectiva más profunda.

Porque un jugador puede perder un partido y, al mismo tiempo, haber dado un paso enorme en su desarrollo. Puede haber gestionado mejor la frustración, puede haber recuperado antes después de un error, puede haber mantenido una actitud más competitiva o puede haber demostrado una madurez que hace unos meses todavía no tenía.

Y eso también merece ser visto.

Cuando gana, ¿qué decides reforzar?

Imaginemos que tu hijo gana un torneo. Puedes decirle: “¡Qué bien! ¡Eres el mejor!”. También puedes decirle: “Lo que más me ha gustado no ha sido únicamente que hayas ganado, sino cómo has mantenido la calma cuando el partido se ha complicado y cómo has seguido confiando en tu juego”.

Ambos mensajes son positivos, pero no construyen exactamente la misma identidad.

En el primer caso, el foco está principalmente en el resultado. El jugador puede interpretar que lo importante es ganar y que su valor aumenta cuando consigue determinados resultados.

En el segundo caso, el foco está en las características internas que le han permitido competir de esa manera. El jugador aprende que lo importante no es solamente el resultado final, sino convertirse en una persona capaz de afrontar desafíos, mantener la calma y responder cuando las circunstancias se complican.

Y esa identidad será mucho más importante cuando lleguen los momentos difíciles.

Cuando pierde aparece el verdadero aprendizaje

Es sencillo reconocer a un hijo cuando gana. El verdadero reto aparece cuando pierde.

Muchas familias, desde el deseo de ayudar, centran toda la conversación en aquello que falta mejorar. El resultado ocupa todo el espacio y se pierde la capacidad de observar los avances que están ocurriendo durante el proceso.

Sin embargo, una derrota puede esconder grandes progresos.

Quizá hace seis meses el jugador perdía completamente el control después de un error y ahora consigue volver al partido. Quizá antes abandonaba mentalmente cuando el marcador se complicaba y ahora sigue buscando soluciones hasta el último punto. Quizá todavía no ha conseguido el resultado que desea, pero ya no es el mismo jugador.

Y esa evolución merece ser reconocida.

El error que muchos padres cometen sin darse cuenta

Durante mis años trabajando con jugadores de competición he observado un patrón que se repite con frecuencia. El jugador empieza a cambiar, mejora su gestión emocional, compite con más valentía, acepta mejor los errores y comienza a confiar más en sí mismo.

Sin embargo, algunos padres continúan mirando únicamente aquello que todavía no funciona.

Si antes golpeaba la raqueta diez veces y ahora solo una, el comentario sigue siendo: “Ha vuelto a golpear la raqueta”. Sin darse cuenta, dejan de valorar las nueve ocasiones en las que consiguió controlarse.

El mensaje que puede recibir el jugador es muy peligroso: “Da igual cuánto mejore, siempre habrá algo que no sea suficiente”.

Cuando una persona siente que sus avances nunca son realmente vistos, puede empezar a perder confianza en su propio proceso.

El reconocimiento construye identidad

Los grandes jugadores no desarrollan únicamente una buena técnica. También construyen una identidad sólida.

Aprenden a verse como personas responsables, constantes, valientes y capaces de afrontar dificultades. Esa identidad no aparece de forma automática; se construye a través de las experiencias, del entorno y también de la forma en la que las personas importantes de su vida les miran y les acompañan.

Cada conversación después de un entrenamiento o de un partido está contribuyendo a esa construcción. Puede ayudar al jugador a entender que está creciendo, incluso cuando todavía no ha conseguido el resultado que busca.

O puede reforzar la sensación de que siempre está intentando alcanzar una aprobación que nunca llega.

Entonces… ¿hay que dejar de elogiar?

No.

El elogio también tiene su lugar. Celebrar una buena actuación, una victoria o un esfuerzo importante forma parte de acompañar a un jugador de manera positiva.

La diferencia está en no quedarse únicamente ahí.

Un jugador necesita escuchar que ha jugado bien, pero necesita todavía más sentir que alguien ve la persona que está construyendo durante el proceso.

Porque los elogios alimentan la satisfacción del momento.

El reconocimiento construye la identidad que sostendrá al jugador durante toda su carrera deportiva.

La pregunta más importante

La próxima vez que tu hijo termine un partido, antes de hablar del marcador, pregúntate:

¿Voy a hablar únicamente de lo que ha hecho o también voy a reconocer en quién se está convirtiendo?

Esa diferencia puede parecer pequeña, pero puede cambiar completamente la forma en la que un jugador aprende a verse a sí mismo.

En flowandgrow trabajamos con jugadores y familias para construir una arquitectura interna sólida, de manera que la confianza no dependa únicamente de ganar o perder, sino de la persona que el jugador está construyendo.

Si quieres descubrir qué está frenando realmente el potencial de tu hijo y cómo ayudarle a desarrollar una mentalidad de alto rendimiento, puedes reservar una Sesión Gratuita de Valoración Personal.

👉 https://flowandgrowtenis.com/mental-coach/

About the Author

Leave a Reply