Desarrollar potencial no significa rechazar quién eres. Significa permitir que aquello que llevas dentro encuentre su máxima expresión posible.
Hay una idea que atraviesa prácticamente todo lo que hago, tanto profesional como personalmente: desarrollar potencial.
Es mi profesión. Es lo que hago con los jugadores de tenis con los que trabajo, pero con los años me he dado cuenta de que es también mi manera de entender mi propia vida. No creo que hayamos venido simplemente a mantenernos como somos. Creo que la vida nos invita constantemente a evolucionar, desplegarnos, descubrir qué más hay dentro de nosotros y hasta dónde podemos llegar.
Y eso no significa vivir insatisfechos ni perseguir permanentemente una versión mejor porque la actual no sea suficiente. Para mí significa exactamente lo contrario: estar vivos y permitir que aquello que llevamos dentro encuentre su máxima expresión posible.
👉 Sigue leyendo… porque desarrollar potencial no es algo que únicamente intento facilitar en mis jugadores. Es también la manera en la que he elegido vivir mi propia vida.
La naturaleza siempre busca su máxima expresión
Me gusta observar la naturaleza porque creo que explica muy bien esta idea. Una planta no decide un día que ya ha crecido suficiente. Si tiene tierra, agua, espacio y luz, continúa creciendo. Busca la luz, extiende sus ramas, florece y ocupa el espacio que necesita.
No se compara con la planta que tiene al lado ni se pregunta si debería hacerse más pequeña para no llamar demasiado la atención. Simplemente expresa aquello que lleva dentro.
Creo que los seres humanos tenemos también esa tendencia natural hacia el desarrollo. La diferencia es que nosotros sí podemos interferir en ese proceso. Podemos tener miedo, acomodarnos, compararnos, vivir pendientes de las expectativas de los demás o convencernos de que ya es demasiado tarde para determinadas cosas. O podemos seguir creciendo.
¿Cuál es mi máxima expresión posible hoy?
Hay una pregunta que me parece mucho más interesante que intentar ser perfecta: ¿cuál es mi máxima expresión posible HOY?
Porque mi máxima expresión de hoy no tiene por qué ser la de hace diez años, ni será necesariamente la de dentro de cinco. Tampoco tiene que parecerse a la de otra persona. Se trata de descubrir qué puedo desarrollar en este momento concreto de mi vida y qué necesita esa versión de mí para poder expresarse.
Para mí, esa búsqueda atraviesa diferentes áreas:
- En mi profesión, significa seguir aprendiendo, cuestionando lo que sé, observando, investigando, creando y mejorando mi método. Después de muchos años trabajando en psicología y deporte de alto rendimiento podría decidir que ya sé suficiente, pero no quiero. Cada jugador me plantea nuevas preguntas, cada proceso me enseña algo y cada experiencia me permite comprender un poco mejor cómo funciona una persona cuando tiene que sostenerse bajo presión.
- En mi cuidado personal, desarrollar potencial significa cuidar el instrumento con el que voy a vivir toda mi vida: yo misma. Mi cuerpo, mi energía, mi descanso, mi alimentación, mi imagen y mi manera de relacionarme conmigo. No considero el cuidado personal algo superficial ni separado del desarrollo psicológico. Forma parte de él.
- En mis relaciones, también quiero seguir evolucionando. Aprender qué vínculos quiero construir, qué personas quiero cerca, dónde existe reciprocidad y dónde puedo ser yo misma. Porque desarrollarse no consiste únicamente en conseguir objetivos profesionales; también significa construir una vida y unas relaciones que se parezcan cada vez más a quien eres.
- En mi mundo interior, probablemente está el trabajo más profundo: seguir observándome, descubriendo mis patrones, cuestionando mis límites, cambiando aquello que ya no me sirve y fortaleciendo aquello que sí. También significa atreverme a dejar atrás versiones de mí misma que en otro momento fueron necesarias, pero que quizá hoy ya no lo son.
Crecer no significa pensar que no eres suficiente
Existe una diferencia enorme entre crecer desde la carencia y crecer desde la expansión.
Podemos intentar mejorar porque pensamos que no somos suficientes, que tenemos que demostrar algo o que necesitamos convertirnos en otra persona para sentirnos valiosos. Pero también podemos querer desarrollarnos desde un lugar completamente diferente: porque sentimos curiosidad por descubrir hasta dónde podemos llegar.
Psicológicamente son movimientos muy distintos. El primero nace del rechazo; el segundo, de la expansión.
Yo no quiero cambiar porque rechace quién soy. Quiero seguir cambiando precisamente porque me interesa descubrir quién más puedo llegar a ser. Quiero conocer nuevas facetas de mí, seguir desarrollando capacidades, vivir nuevas experiencias y comprobar qué ocurre cuando sigo atravesando límites que antes parecían definitivos.
Y esta distinción es exactamente igual en el deporte.
Tener potencial no es suficiente
Trabajo con jugadores con muchísimo potencial. Tienen talento técnico, capacidad física, inteligencia táctica, ambición y muchas horas de entrenamiento. Sin embargo, tener todo eso no garantiza poder expresarlo cuando llega la competición.
Porque una cosa es tener recursos y otra muy distinta ser capaz de sostener esos recursos bajo presión.
Un jugador puede disponer de un tenis extraordinario y, sin embargo, cuando el marcador se complica puede empezar a dudar, compararse, querer demostrar, tener miedo a perder, controlar excesivamente su juego o interpretar cada error como una amenaza.
Entonces aparece una paradoja que veo continuamente en mi trabajo: el potencial existe, pero el jugador no consigue expresarlo.
Y precisamente ahí comienza buena parte del mental coaching que realizo.
No quiero convertir a un jugador en otra persona
Cuando trabajo con un jugador no quiero fabricar una personalidad diferente ni imponerle una forma de competir que no le pertenece. Quiero ayudarle a descubrir quién puede llegar a ser cuando consigue sostener todo lo que ya existe dentro de él.
Por eso mi trabajo no se limita a enseñar determinadas herramientas mentales. Trabajo sobre la arquitectura interna del jugador: su identidad, su manera de interpretar la presión, su relación con el error, su confianza, su entrega, su foco y su intensidad.
Cuando esa estructura interna evoluciona, cambia también lo que el jugador es capaz de expresar fuera. Y entonces se produce algo que para mí es mucho más importante que una mejora puntual del rendimiento: se produce un salto estructural.
El jugador no solamente hace algo diferente. Empieza a ser capaz de sostenerse de una manera diferente.
La presión muestra la estructura
En competición, la presión no crea mágicamente todos nuestros problemas. Muchas veces simplemente los revela.
Cuando todo va bien resulta relativamente fácil sentir confianza, jugar suelto y mantener una determinada identidad. La verdadera pregunta aparece cuando el partido importa: cuando estás 4-4, cuando tienes que cerrar un set, cuando juegas contra alguien con mejor ranking, cuando todo el mundo espera que ganes o cuando acabas de cometer dos errores importantes.
Ahí vemos qué estructura sostiene realmente al jugador. Por eso una de las ideas centrales de mi trabajo es que no gana necesariamente quien juega mejor; gana quien es capaz de sostenerse.
Y sostenerse se puede desarrollar.
En la vida ocurre algo muy parecido
Fuera de la pista también tenemos nuestros momentos de presión. Vivimos cambios, decisiones, relaciones, pérdidas, nuevos proyectos, éxitos, fracasos, etapas que terminan y otras que comienzan. Y cada una de esas situaciones nos plantea, de una manera u otra, la misma pregunta: ¿quién vas a ser ahora?
Podemos intentar conservar indefinidamente una versión antigua de nosotros mismos o podemos permitir que la experiencia nos transforme. Yo elijo lo segundo.
Quiero seguir aprendiendo, cuidándome, creando y disfrutando. Quiero conocer personas, vivir experiencias nuevas, cuestionar mis propios límites y seguir descubriendo expresiones de mí misma que todavía no conozco.
No porque la persona que soy hoy no sea suficiente, sino porque precisamente estar plenamente viva significa para mí continuar desarrollándome.
Transformar vidas. También la mía.
Quizá por eso me apasiona tanto mi profesión. Porque aquello que intento facilitar en mis jugadores es también aquello que intento practicar conmigo misma.
No puedo hablar de evolución y elegir quedarme quieta. No puedo hablar de potencial y renunciar al mío. Y no puedo pedirle a un jugador que se atreva a atravesar sus propios límites si yo dejo de atravesar los míos.
Para mí existe una coherencia profunda entre ambas cosas:
Desarrollo potencial. Transformo vidas. También la mía.
Porque tener potencial no basta. Hay que desarrollarlo, construir la estructura capaz de sostenerlo y, finalmente, tener el valor de expresarlo.
En una pista de tenis, en una profesión, en nuestras relaciones, en nuestro cuerpo, en nuestras decisiones y, en definitiva, en nuestra vida.
¿Tu tenis expresa realmente todo tu potencial?
Si eres jugador/a de tenis o padre/madre de un jugador y sabes que existe una diferencia entre el nivel que aparece entrenando y aquello que consigue sostener cuando compite, podemos analizar qué está ocurriendo.
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