Una reflexión sobre el documental de Carlos Alcaraz y por qué, quizá, llevamos toda la vida buscando la felicidad en el lugar equivocado
Hace unos días vi el documental de Carlos Alcaraz y hubo una frase que me hizo detenerme.
«La felicidad ya es éxito, pero no es fácil encontrarla.»
Mientras la escuchaba pensé que, quizá, el problema estaba precisamente en la última palabra: buscar. Porque, desde mi manera de entender la vida y el rendimiento, la felicidad no es algo que se encuentra. La felicidad es algo que se elige. Y esa diferencia cambia absolutamente todo.
👉 Sigue leyendo… porque quizá la felicidad nunca ha estado al final del camino, sino en el lugar desde el que decidimos recorrerlo.
La gran trampa en la que vivimos
Desde pequeños nos enseñan que la felicidad está fuera de nosotros. Nos dicen que llegará cuando consigamos aquello que todavía no tenemos:
- Cuando ganes ese torneo.
- Cuando tengas más dinero.
- Cuando encuentres a la pareja adecuada.
- Cuando seas reconocido.
- Cuando dejes de tener problemas.
- Cuando la vida sea más fácil.
Vivimos convencidos de que existe un momento en el futuro en el que, por fin, podremos decir: «Ahora sí soy feliz.» Sin embargo, ese momento nunca termina de llegar. ¿Por qué? Porque cada vez que alcanzamos un objetivo aparece otro inmediatamente después. La mente siempre crea una nueva meta y volvemos a empezar.
Los dos motores con los que vive la mayoría de las personas
Si observamos el comportamiento humano, veremos que casi todas nuestras decisiones nacen de uno de estos dos impulsos.
1. La tesis: evitar el dolor
El primer motor consiste en escapar de aquello que nos hace sufrir. Nos esforzamos para evitar el fracaso, la crítica, el rechazo, la incertidumbre, la lesión o el miedo. Muchas veces no actuamos porque hayamos elegido libremente un camino, sino porque queremos dejar de sentir algo que nos incomoda.
Es como un burro al que le están quemando la cola. Corre porque necesita escapar. Toda su energía está dirigida a alejarse del dolor.
2. La antítesis: buscar el placer
El segundo motor parece completamente distinto, pero, en el fondo, funciona igual. En lugar de huir del dolor, perseguimos aquello que creemos que nos hará felices: el éxito, el dinero, el reconocimiento, los títulos, la fama o la aprobación de los demás.
Es el burro que corre detrás de la zanahoria. Cree que, cuando la alcance, por fin descansará. Sin embargo, cuando llega aparece una nueva zanahoria. Después del primer título llega el siguiente. Después del número uno llega mantenerse en el número uno. Después de una meta aparece otra.
Por eso muchas personas consiguen exactamente aquello con lo que habían soñado y, aun así, sienten un vacío difícil de explicar. No porque el éxito sea malo, sino porque esperaban que les entregara una felicidad que nunca estuvo dentro de él.
3. La síntesis: actuar como expresión de la felicidad que ya has elegido
Aquí es donde mi visión se separa de las dos anteriores.
Yo no creo que la vida consista ni en escapar del dolor ni en perseguir el placer. Creo que existe una tercera forma de vivir.
Primero eliges ser feliz. No porque todo vaya bien, no porque no existan problemas ni porque la vida deje de doler. Simplemente decides que la felicidad será el estado desde el que quieres vivir, independientemente de las circunstancias que aparezcan.
Y, una vez tomada esa decisión, todo cambia.
Ya no entrenas para llegar a ser feliz; entrenas porque entrenar es una expresión de la felicidad que ya has elegido. Ya no trabajas para sentirte realizado, sino porque tu trabajo expresa quién eres. Ya no compites para demostrar tu valor; compites porque disfrutas expresando tu talento.
La diferencia parece pequeña, pero es enorme. En los dos primeros modelos la felicidad siempre está al final del camino. En esta tercera propuesta, la felicidad está al principio. Es el punto de partida, no el premio.
La pregunta que puede cambiarlo todo
Por eso hago una pregunta que me parece profundamente transformadora:
Si ya fueras completamente feliz, si ya fueras suficiente, si ya fueras un éxito y no tuvieras absolutamente nada que demostrar a nadie… ¿qué elegirías hacer con tu vida?
La respuesta a esa pregunta suele revelar aquello que realmente nace de ti. Entonces dejas de hacer las cosas para llenarte por dentro y empiezas a hacerlas porque ya estás lleno.
Ya no buscas plenitud a través de tu profesión, de tu pareja, de tus logros o de tu cuenta bancaria. Todo eso sigue teniendo valor, claro que sí, pero deja de ser la fuente de tu felicidad. Se convierte en la forma en la que expresas la felicidad que ya has decidido vivir.
Incluso el sufrimiento puede formar parte de una vida feliz
Esta es, probablemente, la idea que más cuesta entender. Elegir la felicidad no significa elegir una vida sin dolor. El sufrimiento forma parte de la condición humana y también del deporte de alto rendimiento. Habrá derrotas, lesiones, dudas, cansancio, pérdidas y momentos en los que todo parezca cuesta arriba.
La diferencia está en que esas experiencias dejan de definir tu estado interior. Puedes sufrir durante una remontada épica, sentir los nervios de sacar para ganar un partido o atravesar una etapa muy difícil de tu vida y, aun así, mantener una profunda sensación de coherencia y de paz. No porque disfrutes del sufrimiento, sino porque sabes que estás viviendo de acuerdo con la persona que has decidido ser.
La felicidad, desde esta perspectiva, no consiste en eliminar el dolor, sino en no entregarle el poder de decidir cómo vives tu vida.
Carlitos, quizá no tengas que encontrar la felicidad
Quizá no tengas que encontrarla.
Quizá tengas que dejar de buscarla, porque aquello que buscas fuera de ti siempre dependerá de las circunstancias. En cambio, aquello que eliges ser nadie puede arrebatártelo.
No juegues al tenis para ser feliz. Juega al tenis porque ya has elegido ser feliz y convierte cada entrenamiento, cada partido, cada victoria y cada derrota en una expresión de esa plenitud.
💙 Porque la felicidad no es un premio que la vida entrega al final del camino.
Es una decisión que tomas antes de empezar a recorrerlo.
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