La diferencia entre conseguir un comportamiento y construir una identidad competitiva
Como mental coach especializada en tenis de competición, hay una frase que escucho con frecuencia por parte de muchos padres: “Si ganas este torneo, te compro esa raqueta”, “Si pasas de ronda, este fin de semana hacemos un viaje” o “Como vuelvas a romper la raqueta, te quedas sin móvil”. Son frases que nacen, normalmente, desde la mejor intención: motivar, ayudar y conseguir que el jugador aprenda determinados comportamientos.
Y aquí aparece una cuestión importante: sí, los premios y los castigos funcionan. Pueden modificar una conducta, conseguir un esfuerzo puntual o ayudar a que un niño controle una reacción concreta. Pero la verdadera pregunta no es si funcionan. La verdadera pregunta es qué están enseñando realmente al jugador.
Porque una cosa es conseguir un comportamiento durante un momento determinado y otra muy diferente es construir una identidad capaz de sostener un camino deportivo exigente.
👉 Sigue leyendo… porque la manera en la que acompañamos a un jugador cuando gana, pierde o se equivoca puede influir mucho más de lo que imaginamos en la persona que llegará a ser.
El objetivo no es que tu hijo haga algo una vez
Cuando utilizamos un premio o un castigo, normalmente conseguimos un efecto inmediato. El niño puede esforzarse más, controlar mejor una conducta o hacer aquello que esperamos de él. Desde el punto de vista del comportamiento, tiene sentido.
El problema aparece cuando ese sistema se convierte en la principal fuente de motivación del jugador. En ese momento, el foco deja de estar en preguntas importantes para su desarrollo: ¿cómo puedo mejorar?, ¿qué estoy aprendiendo?, ¿en qué tipo de jugador quiero convertirme?
En lugar de eso, empieza a pensar: ¿qué conseguiré si gano?, ¿qué pasará si pierdo?, ¿cómo evito el castigo?, ¿cómo consigo la recompensa?
Sin darse cuenta, el jugador deja de mirar hacia su crecimiento y empieza a depender cada vez más de la aprobación externa.
El tenis ya tiene suficientes premios y castigos
El propio tenis está lleno de consecuencias. El jugador gana o pierde, sube o baja en el ranking, entra o no entra en un torneo, supera una ronda o termina antes la competición. Cada partido ya ofrece información constante sobre su rendimiento.
Por eso, cuando además en casa todo empieza a girar alrededor de nuevas recompensas y nuevos castigos, existe el riesgo de que el jugador interprete que su valor depende siempre de lo que consigue.
Y esa presión puede convertirse en una carga muy grande.
Porque el jugador ya no compite únicamente contra el rival que tiene delante. También empieza a competir contra la necesidad de demostrar que merece la recompensa o contra el miedo a decepcionar a quienes le rodean.
El problema no es el premio
Quiero ser muy clara: no estoy diciendo que nunca haya que regalar algo a un hijo después de un esfuerzo importante. Tampoco significa que no deban existir límites o consecuencias cuando determinados comportamientos no son aceptables.
El problema no está en utilizar un premio de forma puntual o establecer una consecuencia concreta. El problema aparece cuando el premio sustituye al reconocimiento y cuando el castigo sustituye al aprendizaje.
Un jugador necesita comprender por qué una determinada actitud le ayuda a crecer, no únicamente actuar de una manera porque espera conseguir algo o porque teme perderlo.
Esa diferencia cambia completamente la relación que establece con su propio desarrollo.
El peligro de competir para agradar
A lo largo de mi trabajo con jugadores de competición he visto situaciones donde, antes de un partido importante, el pensamiento principal del jugador no está centrado en competir mejor.
Está centrado en lo que ocurrirá después.
“Si gano, mis padres estarán orgullosos”.
“Si pierdo, les habré fallado”.
“Si gano este torneo, conseguiré aquello que quiero”.
En ese momento, el jugador deja de competir para crecer y empieza a competir para conseguir aprobación.
Y cuando la motivación depende demasiado de factores externos, la confianza también queda condicionada por ellos.
Por eso algunos jugadores parecen muy seguros cuando ganan, pero pierden completamente esa seguridad cuando el resultado no acompaña.
¿Qué ocurre cuando el premio desaparece?
Imaginemos un jugador que durante años ha recibido recompensas cada vez que consigue un éxito. Al principio puede funcionar perfectamente, porque existe una motivación externa que le impulsa.
Pero llega un momento en el que esas recompensas dejan de existir.
Si durante ese tiempo no ha aprendido a disfrutar del proceso, a sentir orgullo por su evolución y a encontrar satisfacción en mejorar, puede aparecer una dificultad importante.
Ya no compite porque quiere crecer.
Compite porque espera algo a cambio.
Y cuando ese algo desaparece, también puede desaparecer parte de su motivación.
Por eso es tan importante ayudar al jugador a construir una motivación interna, una que permanezca incluso cuando nadie está mirando.
Lo que realmente construye a un jugador
Los grandes jugadores no compiten únicamente porque alguien les promete un premio. Compiten porque encuentran satisfacción en mejorar, porque disfrutan del proceso y porque sienten orgullo de convertirse cada día en una mejor versión de sí mismos.
Esa motivación es mucho más estable y también mucho más resistente cuando llegan los momentos difíciles, las derrotas o las etapas donde los resultados no aparecen.
Porque ya no depende de lo que ocurre fuera.
Depende de quién está construyendo el jugador dentro.
El reconocimiento cambia el foco
Después de un partido puedes decir: “Si ganas el siguiente, iremos a celebrarlo”. También puedes decir: “He visto el esfuerzo que has hecho hoy”, “Estoy orgulloso de cómo has luchado cuando el partido se complicó” o “Cada vez gestionas mejor los momentos difíciles”.
Ambos mensajes pueden parecer positivos, pero están construyendo algo diferente.
El primer mensaje pone el foco principalmente en el resultado. El segundo pone el foco en la persona y en el proceso que está desarrollando.
Y esa diferencia influye directamente en la identidad que el jugador empieza a construir sobre sí mismo.
El reconocimiento construye identidad
Cuando un niño escucha de forma repetida que es valiente, que persevera, que aprende de los errores y que cada torneo está creciendo, empieza a verse a sí mismo desde ese lugar.
Su identidad cambia.
Empieza a pensar: “Soy una persona capaz de afrontar dificultades”, “soy alguien que aprende”, “soy alguien que puede mejorar”.
Y cuando cambia la identidad, también cambia la forma de competir.
Porque el jugador deja de necesitar demostrar constantemente cuánto vale.
Empieza a confiar en quién es.
Entonces, ¿qué hago como padre?
No se trata de eliminar todos los premios ni todas las consecuencias. Se trata de asegurarse de que nunca ocupen el lugar principal dentro del desarrollo del jugador.
Antes de pensar qué vas a regalar o qué consecuencia vas a aplicar, quizá merezca la pena hacerse algunas preguntas: ¿he reconocido hoy el esfuerzo de mi hijo?, ¿he valorado el cambio que está construyendo?, ¿he reforzado la persona en la que se está convirtiendo?, ¿le estoy enseñando a depender de recompensas o a disfrutar del crecimiento?
Estas preguntas cambian completamente la forma de acompañar a un joven deportista.
El verdadero objetivo
Como padres queremos que nuestros hijos ganen partidos y alcancen sus objetivos. Pero, sobre todo, queremos que desarrollen recursos para afrontar cualquier reto de su vida: que sean resilientes, que sepan gestionar la presión, que aprendan de las derrotas y que confíen en sí mismos incluso cuando las cosas no salen bien.
Eso no se consigue únicamente con premios.
Tampoco con castigos.
Se consigue ayudándoles a construir una identidad fuerte.
Porque un premio puede cambiar un comportamiento durante un día, pero una identidad sólida puede sostener a un jugador durante toda su carrera deportiva y acompañarle durante toda su vida.
En flowandgrow trabajamos con jugadores y familias para construir una arquitectura interna sólida, donde la confianza no dependa únicamente del marcador, sino de la persona que el jugador está construyendo cada día.
Si quieres descubrir qué está frenando realmente el potencial de tu hijo y aprender cómo acompañarle de una manera que fortalezca su desarrollo deportivo y personal, puedes reservar una Sesión Gratuita de Valoración Personal.
Leave a Reply