Me apasiona la luz. ¿Y cuál es tu pasión?

Me apasiona la luz. ¿Y cuál es tu pasión?

Me apasiona la luz. ¿Y cuál es tu pasión?

Aquello que nos fascina desde niños quizá contenga pistas sobre quiénes somos y sobre la forma en la que estamos llamados a expresar nuestro potencial.

Desde pequeña hay algo que siempre me ha fascinado de una manera especial: la luz. Recuerdo mirar la luz de un faro y mover las manos delante de ella, jugando a verla aparecer y desaparecer entre mis dedos. Me podía quedar completamente absorta observándola. Me fascinaba también la luz de la luna, los reflejos sobre el agua, el brillo del sol sobre el mar y, especialmente, esa luminosidad tan particular del Mediterráneo que parece envolverlo todo.

👉 Sigue leyendo… porque durante muchísimos años nunca me pregunté realmente por qué sentía esa fascinación. Ahora creo que, por fin, lo he entendido.

Siempre me ha atraído todo lo que tiene que ver con la luz. Era simplemente algo que estaba ahí desde niña, una atracción muy intuitiva, muy espontánea y, al mismo tiempo, sorprendentemente intensa. Ahora, muchos años después, creo que por fin puedo darle un significado.

Aquello que nos apasiona de niños quizá diga mucho de nosotros

Cuando somos pequeños todavía no tenemos palabras para explicar muchas de las cosas que sentimos. No sabemos qué será nuestra profesión, cuál será nuestra vocación ni qué sentido terminaremos dando a nuestra vida. Pero sentimos. Nos atraen determinadas cosas y otras no. Hay imágenes, experiencias, lugares o sensaciones que parecen tocarnos de una manera diferente.

En mi caso siempre fue la luz. Y hoy me resulta precioso pensar que aquella niña que se quedaba fascinada mirando la luz de un faro no podía saber que, muchos años después, dedicaría gran parte de su vida profesional precisamente a algo que para mí tiene muchísimo que ver con ella: ayudar a otras personas a sacar toda su luz.

Porque eso es, en gran medida, desarrollar potencial.

La luz como expresión de nuestro potencial

Cuando hablo de luz no estoy hablando de una idea ingenua según la cual todo tiene que ser bonito, positivo o fácil. La vida no funciona así y el deporte de competición, desde luego, tampoco. Para mí la luz representa otra cosa: la expresión más auténtica de aquello que una persona lleva dentro.

Representa tu potencial cuando consigue salir sin quedar constantemente oculto por el miedo, la inseguridad, la comparación, las expectativas externas o la necesidad de demostrar algo a los demás.

Todos tenemos circunstancias que pueden nublarnos. Hay momentos difíciles, derrotas, errores, personas que nos cuestionan, experiencias que nos hacen dudar de nosotros mismos y situaciones en las que dejamos de ver con claridad quiénes somos. Pero una nube no elimina la luz. Simplemente, durante un tiempo, impide que la veamos.

Y esa distinción me parece fundamental.

Muchas veces no necesitamos convertirnos en alguien diferente

Esta es también una de las bases de mi trabajo como mental coach. Cuando comienzo a trabajar con un jugador no intento convertirlo en otra persona. No quiero fabricar una personalidad competitiva artificial ni enseñarle a representar un personaje cuando entra en una pista.

Quiero descubrir quién es, qué tenis tiene, qué identidad competitiva le pertenece, qué aparece cuando juega libre y qué está impidiendo que esa versión pueda expresarse cuando llega la presión.

Porque muchas veces el problema no es que al jugador le falte tenis. Tampoco le falta potencial. El problema es que algo está interfiriendo en su capacidad para expresarlo: puede ser el miedo a perder, la necesidad de demostrar su nivel, la comparación con otros jugadores, el ranking, las expectativas de sus padres o entrenadores, una mala relación con el error o una identidad excesivamente vinculada al resultado.

Y entonces ocurre algo que veo constantemente: el jugador entrena a un nivel y compite a otro. Su luz está ahí. Su tenis está ahí. Su potencial está ahí. Pero algo lo está tapando.

Mi trabajo consiste en ayudar a retirar esas nubes

El mental coaching, tal y como yo lo entiendo, no consiste simplemente en aprender dos o tres técnicas para estar más tranquilo antes de un partido. Es un trabajo mucho más profundo: se trata de desarrollar una arquitectura interna que permita al jugador seguir siendo él mismo cuando las circunstancias externas cambian.

Por eso trabajo aspectos como:

  • La identidad competitiva: saber quién eres y cómo quieres competir independientemente del marcador.
  • La confianza: aprender a no vincular tu valor personal a ganar o perder un partido.
  • La presión: comprender qué significado estás dando a la situación y qué revela esa presión sobre tu estructura interna.
  • El foco y la entrega: permanecer conectado con aquello que puedes hacer en el presente en lugar de perderte en las consecuencias del resultado.
  • La relación con el error: entender que equivocarte forma parte del juego y no constituye una amenaza para tu identidad.
  • La autonomía: dejar de depender permanentemente de la valoración externa para saber quién eres y cuánto vales.

Cuando esa estructura cambia, empieza a ocurrir algo extraordinario: el jugador puede expresar cada vez más de aquello que ya llevaba dentro.

No se trata de fabricar la luz

Esta idea me parece especialmente importante. No tenemos que fabricar la luz. La luz ya está ahí. Hay que crear las condiciones para que pueda expresarse.

Y eso es exactamente lo que ocurre también en la naturaleza. Una planta contiene una posibilidad de desarrollo, pero necesita determinadas condiciones para desplegarla. Necesita espacio, nutrientes, agua y, precisamente, luz.

Con las personas ocurre algo parecido. Necesitamos contextos que nos permitan desarrollarnos, pero también necesitamos construir internamente la capacidad de seguir siendo nosotros mismos cuando esos contextos no son perfectos.

Porque no siempre vamos a recibir aprobación, no siempre vamos a ganar, no siempre las personas que nos rodean van a entendernos y no siempre las circunstancias serán favorables. La verdadera fortaleza aparece cuando las circunstancias dejan de decidir quién eres.

Que nada externo determine cuánto puedes brillar

Una derrota puede doler, pero no tiene por qué apagar quién eres. Una opinión puede afectarte, pero no tiene por qué definirte. Un ranking puede describir dónde estás deportivamente en un momento concreto, pero no determina tu valor ni todo aquello en lo que puedes convertirte.

Una persona puede no ver tu potencial, pero eso no significa que ese potencial no exista. Y un momento difícil puede nublar temporalmente tu percepción de ti mismo sin cambiar tu esencia.

Para mí, desarrollar una estructura interna sólida significa precisamente aprender a distinguir entre lo que sucede fuera y quién eres dentro. Cuando conseguimos hacer esa separación, dejamos de entregar nuestra luz a las circunstancias.

Ahora entiendo aquella fascinación de niña

Cuanto más pienso en ello, más sentido encuentro a aquella fascinación que sentía desde pequeña. Aquella niña que movía las manos delante de la luz de un faro, que miraba la luna o se quedaba embobada observando los reflejos sobre el mar no sabía nada de psicología del deporte, mental coaching, arquitectura interna o desarrollo del potencial.

Simplemente sabía que la luz le fascinaba.

Hoy sigo sintiendo exactamente lo mismo cuando veo la luz del Mediterráneo. Me sigue emocionando un reflejo sobre el mar, una luna especialmente luminosa o ese momento en el que el sol transforma completamente un paisaje. Pero ahora hay algo diferente: puedo darle un significado.

He entendido que mi fascinación por la luz tiene una analogía preciosa con aquello a lo que finalmente he dedicado mi vida.

Mi vocación también consiste en sacar la luz

Lo que más me apasiona de mi trabajo no es simplemente que un jugador gane más partidos. Naturalmente quiero que mis jugadores mejoren su rendimiento y consigan sus objetivos deportivos, pero el trabajo que hacemos va mucho más allá.

Lo verdaderamente apasionante es observar el momento en el que una persona empieza a descubrir quién es: cuando deja de necesitar demostrar, deja de compararse, comprende que un resultado no determina su valor, se atreve a competir desde su identidad, puede sostener su tenis en un momento difícil y empieza a desarrollar todo aquello que llevaba dentro.

Ahí ocurre algo que para mí es profundamente emocionante: empieza a aparecer su luz. Y quizá por eso elegí esta profesión. O quizá, de alguna manera, esta profesión me eligió a mí mucho antes de que yo pudiera ponerle un nombre.

Me apasiona la luz: la del faro que miraba de niña, la de la luna, la que se refleja en el mar, la maravillosa luz del Mediterráneo. Y también esa otra luz que aparece cuando una persona se atreve a ser plenamente quien es y a desarrollar todo su potencial.

Hoy entiendo que ambas cosas están profundamente conectadas. Y quizá algunas de nuestras pasiones más antiguas contienen pistas sobre quiénes somos mucho antes de que nosotros mismos podamos comprenderlas.

Yo ya sé cuál ha sido siempre una de las mías.

💙 ¿Y cuál es tu pasión?

¿Estás expresando todo tu potencial cuando compites?

Si eres jugador/a de tenis o padre/madre de un jugador y sabes que existe mucho más tenis dentro del que consigue expresar cuando llega la competición, podemos trabajar para descubrir qué está interfiriendo y construir una estructura interna capaz de sostener todo ese potencial.

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