Quizá el problema no está donde crees que está.
Hay jugadores que llegan al partido con una sensación muy clara: quieren competir bien, quieren soltar el brazo, quieren jugar como entrenan… pero cuando empieza el momento importante, aparece la tensión. Y muchas veces la explicación parece evidente: «Me pongo tenso porque pienso que voy a perder». Parece lógico. Parece suficiente. Parece la causa. Pero, en muchos casos, ese pensamiento no es el origen real del problema, sino solo la primera capa.
👉 Sigue leyendo para entender por qué, a veces, la tensión que aparece en pista no nace del partido que estás jugando, sino de una conclusión que tu mente ya ha sacado antes de empezar.