Esperar a que madure para trabajar la parte mental puede ser el error

Esperar a que madure para trabajar la parte mental puede ser el error

Esperar a que madure para trabajar la parte mental puede ser el error

El tiempo y la experiencia no garantizan por sí solos madurez mental: mientras esperamos, el jugador también está construyendo su arquitectura interna

«Todavía es muy joven para trabajar la parte mental. Vamos a esperar a que madure». Es una reflexión que escucho con frecuencia de padres de jóvenes tenistas. Y, desde su perspectiva, tiene sentido. Una familia ya está invirtiendo una cantidad considerable de tiempo, energía y recursos en entrenamientos, academia, preparación física, torneos, desplazamientos y material. Si determinadas dificultades emocionales o competitivas pueden desaparecer a medida que el jugador crezca y acumule experiencias, ¿por qué iniciar ahora un proceso específico de trabajo mental?

👉 Sigue leyendo… porque la verdadera cuestión no es solamente si tu hijo necesita tiempo para madurar, sino qué está construyendo mentalmente durante todo ese tiempo mientras esperamos.

La pregunta es legítima. El problema está en una suposición que suele esconderse detrás de ella: pensar que el paso del tiempo y la acumulación de experiencias producirán necesariamente madurez mental.

Y eso no siempre ocurre.

Madurar no es simplemente cumplir años

Cuando hablamos de madurez, normalmente no pensamos solo en la edad. Pensamos también en experiencia. Entendemos que un joven necesita enfrentarse a situaciones difíciles, equivocarse, frustrarse, ganar, perder, resolver problemas, sacar conclusiones y aprender de todo ello.

Y es cierto: la experiencia es una fuente extraordinaria de aprendizaje.

Pero hay una diferencia fundamental entre tener una experiencia y evolucionar a través de ella.

Para que una experiencia produzca verdadero desarrollo, la persona necesita poder comprender qué ha ocurrido, hacerse consciente de cómo lo ha interpretado, revisar las conclusiones que está sacando y desarrollar respuestas cada vez más funcionales.

Eso no sucede automáticamente.

La experiencia también puede reforzar el problema

Imaginemos a un joven tenista que está ganando un partido importante y termina perdiéndolo.

Puede concluir:

«Hoy no he sabido gestionar este momento. Tengo que aprender a hacerlo.»

Pero también puede concluir:

«No sé cerrar partidos.»

Si vuelve a suceder unas semanas después, aquella primera interpretación puede reforzarse: «Ya sabía que volvería a pasarme». Y después: «En los momentos importantes siempre fallo».

Hasta llegar a una conclusión mucho más profunda:

«Yo no soy un ganador.»

La experiencia ha sido la misma materia prima que podría haber producido aprendizaje. Sin embargo, la interpretación que el jugador ha construido sobre ella ha producido exactamente lo contrario: ha reforzado una creencia limitante.

Por eso acumular partidos no garantiza madurez competitiva. En determinadas circunstancias, acumular experiencias sin poder elaborarlas adecuadamente puede significar acumular también más pruebas aparentes de aquello que el jugador ya teme sobre sí mismo.

Mientras esperamos, su parte mental no está esperando

Este es uno de los puntos que considero más importantes.

Decidir esperar dos o tres años antes de trabajar la parte mental no significa que durante esos años la parte mental permanezca detenida.

Se está desarrollando igualmente.

Con cada entrenamiento, cada competición, cada victoria, cada derrota, cada comparación con otros jugadores, cada expectativa, cada frustración, cada comentario del entrenador y cada conversación con sus padres.

El jugador está interpretando continuamente lo que vive y sacando conclusiones sobre sí mismo:

«Soy bueno». «No soy suficientemente bueno». «Necesito demostrar». «Cuando importa, fallo». «Mis padres esperan mucho de mí». «Puedo confiar en mí aunque pierda». «Solo valgo cuando consigo resultados». «Puedo afrontar situaciones difíciles».

Todas estas conclusiones van formando progresivamente su manera de relacionarse consigo mismo, con los demás, con el éxito y con el fracaso.

Es decir, su arquitectura interna ya se está construyendo, independientemente de que decidamos trabajarla conscientemente o esperar.

¿Por qué hay adultos con mucha experiencia que siguen repitiendo los mismos patrones?

Podemos observar este fenómeno perfectamente fuera del deporte.

Hay personas de 30, 40, 50 o 60 años que han vivido innumerables experiencias y, sin embargo, continúan arrastrando patrones construidos décadas atrás.

Alguien que desarrolló tempranamente la creencia «no soy suficientemente bueno» puede seguir encontrando durante toda su vida experiencias que aparentemente se la confirman.

Su jefe no le asciende: «¿Ves? No doy la talla». Un compañero recibe más reconocimiento: «Los demás tienen algo que yo no tengo». Una persona importante no responde como esperaba: «No me valoran». No alcanza determinado objetivo profesional: «Siempre me quedo a las puertas».

Tiene más edad. Tiene muchísima más experiencia.

Pero eso no significa necesariamente que haya madurado internamente aquel patrón. Incluso puede haber sucedido lo contrario: cada nueva experiencia interpretada desde la misma creencia ha contribuido a fortalecerla.

El tiempo no transforma automáticamente nuestras conclusiones. Algunas veces simplemente nos proporciona más situaciones en las que repetirlas.

El coste de esperar no es solamente deportivo

Cuando un joven deportista tiene dificultades para trasladar a la competición aquello para lo que entrena, el impacto no se limita a sus resultados.

Muchas veces empieza a afectar a toda la dinámica familiar.

Los padres regresan de un torneo preguntándose: «¿Cómo puede ocurrir esto con todo lo que entrena?» Empiezan a medir lo que dicen después de los partidos. No saben si hablar, callarse, exigir, animar, proteger o dejar espacio.

Las conversaciones en el coche pueden terminar en tensión, reproches o silencio.

El jugador puede empezar a sentir: «Estoy decepcionando a mis padres». Y los padres, por su parte: «Ya no sabemos cómo ayudarle».

Poco a poco, una actividad que nació de la ilusión y del sueño del jugador puede empezar a convertirse en una fuente recurrente de tensión familiar.

Además, existe un coste económico evidente. Muchas familias realizan una inversión considerable en el desarrollo técnico y físico de sus hijos: entrenadores, academias, preparación física, viajes, torneos internacionales, material y competición.

Sin embargo, el jugador necesita utilizar todos esos recursos desde la estructura mental con la que entra en la pista.

Si esa estructura no le permite competir con libertad, gestionar la presión, interpretar adecuadamente los errores o mantener su identidad separada del resultado, una parte importante de todo el trabajo realizado puede no expresarse cuando más importa.

Por eso esperar también tiene un coste: deportivo, económico, emocional y familiar.

El tenis termina. Las conclusiones pueden quedarse

Existe además una dimensión que para mí trasciende completamente el deporte.

Un jugador puede dejar el tenis a los 18, 20 o 23 años. Pero no necesariamente deja en la pista las conclusiones que construyó durante aquellos años.

Un adolescente que termina interiorizando «No soy suficientemente competitivo», «Cuando realmente importa, fallo», «Los demás llegan y yo me quedo a las puertas» o «No tengo lo necesario para conseguir grandes cosas» puede llevar esas mismas conclusiones a la universidad, a sus relaciones o a su futura profesión.

Quizá mañana sea abogado, médico, empresario, investigador o entrenador. Y puede convertirse en una persona perfectamente competente que, sin embargo, conserve internamente la sensación de ser un «casi».

Casi llegué. Casi fui suficientemente bueno. Casi conseguí aquello que quería.

Por eso el trabajo mental en el deporte juvenil no consiste únicamente en conseguir que un jugador gane más partidos.

Estamos trabajando con una persona que está construyendo su identidad.

Trabajar la arquitectura interna

En flowandgrow no entendemos el trabajo mental simplemente como proporcionar herramientas para controlar los nervios, pensar en positivo o recuperarse después de un error.

Trabajamos sobre algo más profundo: la arquitectura interna desde la que el jugador interpreta lo que vive.

El objetivo es ayudarle a desarrollar consciencia sobre sus patrones, comprender qué conclusiones está construyendo, aprender a relacionarse de manera más funcional con el éxito y el fracaso y adquirir progresivamente mayor libertad emocional.

Porque una experiencia no nos transforma únicamente por haberla vivido.

Nos transforma a través del significado que construimos alrededor de ella.

Y cuando existe un acompañamiento adecuado, las experiencias difíciles pueden convertirse en extraordinarias oportunidades de evolución.

Entonces, ¿hay que empezar cuanto antes?

Tampoco se trata de afirmar que todo niño o adolescente necesita iniciar inmediatamente un proceso de mental coaching.

Cada jugador es diferente. Su momento evolutivo es diferente. Su situación familiar es diferente. Sus necesidades son diferentes.

Precisamente por eso considero importante valorar cada caso individualmente.

Lo que sí cuestiono es utilizar exclusivamente la edad como argumento para posponer el trabajo mental.

Porque esperar puede ser una decisión válida.

Pero esperar no es una decisión neutral.

Mientras esperamos, el jugador continúa construyéndose.

La verdadera pregunta quizá no sea:

«¿Es demasiado joven para empezar a trabajar la parte mental?»

Sino:

«¿Qué está construyendo mentalmente mientras esperamos a que madure?»

Y, sobre todo:

«¿Las experiencias que está viviendo le están ayudando realmente a evolucionar o están reforzando aquello que mañana será mucho más difícil transformar?»

Si tienes un hijo o una hija que compite en tenis y te estás preguntando si todavía es demasiado joven para trabajar su parte mental, podemos valorar juntos qué necesita realmente en este momento.

Reserva una Sesión Gratuita de Valoración Personal:

https://flowandgrowtenis.com/mental-coach/

Prof. Dra. Maite Iriarte Rego
Doctora en Psicología · Máster en Psicología del Deporte
Mental Coach de tenis · CEO de flowandgrow Mental-Coaching S.L.
Colegiada AO11855

About the Author

Leave a Reply