Quizás parte de nuestro sufrimiento no viene de la dificultad real de la situación, sino de la necesidad inconsciente de complicarla.
Viendo la final de Alexander Zverev me surgió una reflexión que va mucho más allá del tenis. Mientras observaba el partido, tuve la sensación de que había momentos en los que podía haber cerrado antes. Momentos en los que parecía tener el control. Momentos en los que el camino hacia la victoria parecía relativamente claro.
Sin embargo, el partido terminó convirtiéndose en una batalla larga, intensa y emocionalmente exigente.
👉 Sigue leyendo… porque a veces el verdadero rival no está en el otro lado de la red. A veces está en una convicción invisible que nos lleva a complicar aquello que podría ser mucho más sencillo.