¿QUIERES EL RESULTADO… PERO SOLO SI PUEDES CONSEGUIRLO A TU MANERA?

¿QUIERES EL RESULTADO… PERO SOLO SI PUEDES CONSEGUIRLO A TU MANERA?

¿QUIERES EL RESULTADO… PERO SOLO SI PUEDES CONSEGUIRLO A TU MANERA?

Querer un gran objetivo no significa estar dispuesto a aceptar las condiciones que ese objetivo exige

Hay jugadores que quieren muchísimo. Quieren ganar, subir de ranking, jugar torneos internacionales, conseguir una beca universitaria o llegar al tenis profesional. Entrenan muchas horas, hacen preparación física, cuidan su técnica y aparentemente están comprometidos con sus objetivos.

👉 Sigue leyendo… porque quizá el verdadero límite no esté en cuánto quiere un jugador conseguir su objetivo, sino en qué ocurre cuando las condiciones necesarias para conseguirlo dejan de coincidir con lo que quiere, le gusta o le resulta cómodo.

Sin embargo, hay un patrón psicológico que puede estar frenando enormemente su evolución y que muchas veces pasa completamente desapercibido: quieren el resultado, pero no siempre están dispuestos a aceptar las condiciones que exige ese resultado.

Y ahí empieza el verdadero problema.

Cuando quiero el objetivo, pero negocio las condiciones

Mientras todo encaja con lo que el jugador quiere, resulta relativamente sencillo estar comprometido. El entrenamiento es a una hora que le viene bien, se encuentra físicamente bien, le gusta el ejercicio, el entrenador trabaja como él espera, el rival juega un tenis que entiende, el partido está controlado y las sensaciones son buenas.

Pero ¿qué ocurre cuando aparece la incomodidad?

El horario no le conviene. El entrenamiento no le apetece. El entrenador le pide algo que no quiere hacer. Tiene que participar en una dinámica en la que no se siente cómodo. El rival juega de una manera que le molesta. Está cansado. No encuentra su tenis. El marcador se complica.

Entonces algunos jugadores empiezan, consciente o inconscientemente, a intentar modificar las condiciones para que las condiciones se adapten a ellos.

Y este patrón puede aparecer en muchos lugares: con los padres, con el entrenador, con el preparador físico, con los horarios, con la planificación, con el colegio, con los torneos y, finalmente, también dentro de la pista.

El tenis no se va a adaptar a ti

Esta es una de las grandes realidades de la competición.

La realidad no tiene ninguna obligación de parecerse a lo que tú habías imaginado.

Tu rival no va a jugar como a ti te conviene. El partido no va a seguir necesariamente el guion que habías preparado. No siempre tendrás buenas sensaciones y habrá días en los que tu mejor golpe no funcione.

Habrá viento, calor, cansancio, retrasos, cambios de horario, decisiones arbitrales que no te gusten, rivales incómodos y momentos de enorme presión.

Y precisamente por eso la adaptabilidad es una competencia central en el tenis: el jugador necesita reorganizar continuamente sus respuestas ante condiciones físicas, psicológicas y emocionales cambiantes.

Por eso, cuanto más necesites que la realidad sea como tú quieres para poder funcionar bien, más dependiente eres de la realidad.

Y cuanto más dependiente eres de las condiciones externas, menos libertad competitiva tienes.

El problema no es sentirse incómodo

Esta distinción es fundamental.

El objetivo del entrenamiento mental no debería ser conseguir que un jugador deje de experimentar incomodidad. La incomodidad forma parte de la competición.

El verdadero objetivo es aumentar su capacidad para funcionar dentro de ella.

Durante la competición pueden aparecer estresores relacionados con el resultado, el rendimiento, las circunstancias externas o las propias sensaciones físicas. La cuestión no es conseguir que todo eso desaparezca, sino desarrollar la capacidad para responder de manera funcional cuando aparece.

Por eso hay una pregunta que puede cambiar completamente la manera de competir de un jugador:

«¿Necesito que esto cambie para poder estar bien o puedo aprender a responder bien aunque esto no cambie?»

Ahí empieza la construcción de un competidor.

Aprobación no significa resignación

En flowandgrow trabajamos mucho el concepto de aprobación.

Aprobar no significa que algo te guste. Tampoco significa conformarte.

Significa dejar de gastar energía luchando mentalmente contra el hecho de que la realidad ya es como es.

Estoy 2-5 abajo.
Esto es lo que hay.

Mi derecha hoy no está funcionando.
Esto es lo que hay.

Mi rival está jugando extraordinariamente bien.
Esto es lo que hay.

Estoy nervioso.
Esto es lo que hay.

Ahora viene la pregunta verdaderamente importante:

¿Qué quiero hacer yo con esto?

Ese cambio parece pequeño, pero psicológicamente es enorme.

Pasamos de:

«Esto no debería estar ocurriendo»

a:

«Esto está ocurriendo. ¿Cuál es ahora mi mejor respuesta?»

La fortaleza mental y la resiliencia en tenis están precisamente relacionadas con la capacidad de responder de manera funcional ante presión, adversidad y estrés.

¿Exiges más compromiso del que estás dispuesto a ofrecer?

Existe además otra manifestación especialmente interesante de este patrón.

Hay jugadores tremendamente exigentes con su entorno. Esperan que su entrenador esté preparado, que sea puntual, que les atienda, que los padres hagan determinados esfuerzos, que el preparador físico cumpla, que la academia responda y que todo el equipo que existe alrededor de su proyecto dé el máximo.

Y está bien exigir profesionalidad.

Pero entonces aparece una pregunta incómoda:

¿Estás ofreciendo tú el mismo nivel de compromiso que exiges a las personas que están ayudándote?

Especialmente cuando cumplir tu parte significa incomodarte.

Porque es relativamente fácil estar comprometido cuando las condiciones coinciden con nuestras preferencias.

La verdadera medida del compromiso aparece cuando lo que tengo que hacer y lo que me apetece hacer dejan de ser la misma cosa.

Querer el resultado no significa aceptar sus condiciones

Esta es probablemente la distinción más importante.

Un jugador puede querer muchísimo ser profesional. Puede querer Division 1, ser Top 100, ganar un campeonato nacional o alcanzar cualquier otro gran objetivo.

Pero querer algo no significa automáticamente estar dispuesto a hacer aquello que ese resultado exige.

Por eso, en determinados momentos del proceso, yo les planteo a mis jugadores una pregunta:

¿Quieres el resultado o estás dispuesto a cumplir las condiciones del resultado?

Porque son dos cosas diferentes.

Quiero el resultado.

Pero ¿acepto viajar? ¿Acepto perder? ¿Acepto entrenar cuando no tengo ganas? ¿Acepto escuchar cosas que me incomodan? ¿Acepto cambiar comportamientos que llevo años repitiendo? ¿Acepto no tener siempre razón? ¿Acepto adaptarme? ¿Acepto responsabilizarme? ¿Acepto hacer determinadas cosas aunque no sean las que yo habría elegido?

Ahí empieza otra dimensión del compromiso.

«Entrenar mucho» no siempre significa estar comprometido

Este patrón puede resultar especialmente difícil de detectar porque algunos de estos jugadores trabajan muchísimo. Por eso, desde fuera, parecen enormemente comprometidos.

Pero el compromiso no se mide solamente por las horas de entrenamiento.

También se mide por la capacidad para cumplir las condiciones necesarias cuando esas condiciones chocan con nuestras preferencias.

Un jugador puede entrenar cuatro horas diarias y, al mismo tiempo, seguir intentando controlar constantemente el contexto para evitar determinadas incomodidades.

Puede trabajar muchísimo físicamente y seguir teniendo muy poca flexibilidad psicológica.

Y precisamente ahí puede encontrarse el techo invisible que le impide competir al nivel de su tenis.

El gran competidor no necesita condiciones perfectas

Un buen jugador puede jugar extraordinariamente cuando todo funciona.

Un gran competidor desarrolla otra capacidad:

seguir encontrando respuestas cuando las cosas dejan de funcionar.

Eso requiere adaptación, responsabilidad, consciencia, capacidad de resolución, tolerancia a la frustración y capacidad para permanecer dentro de la incomodidad sin romperse ni escapar inmediatamente de ella.

El tenis exige ajustes continuos ante rivales, superficies, condiciones ambientales y situaciones competitivas cambiantes.

Por eso el objetivo no debería ser construir un jugador que necesite controlar mejor su entorno.

Deberíamos construir un jugador que necesite cada vez menos que el entorno esté bajo su control.

Y esto no va solamente de tenis

Aquí está probablemente la parte más importante.

Un adolescente que aprende:

«No necesito que el mundo se adapte continuamente a mí para poder funcionar»

está desarrollando una competencia que utilizará durante toda su vida.

La necesitará en la universidad, en un trabajo, en sus relaciones, ante una decepción, ante un fracaso, ante una persona difícil, cuando un proyecto no salga como esperaba o cuando tenga que responsabilizarse de una decisión.

Porque la vida tampoco va a adaptarse permanentemente a nosotros.

Por eso, cuando trabajo este patrón con un jugador, en realidad no estoy trabajando solamente para que gane más partidos.

Estoy trabajando en algo mucho más profundo:

su arquitectura interna.

La capacidad de mirar una realidad que no ha elegido y decir:

«Esto es lo que hay. Ahora decido quién quiero ser y qué quiero hacer frente a ello.»

Ese jugador deja progresivamente de depender de unas circunstancias determinadas para sacar su mejor versión.

Y empieza a convertirse en el protagonista de su respuesta.

Porque los grandes objetivos no necesitan condiciones perfectas.

Necesitan personas capaces de hacerse más grandes que la incomodidad. 💙

¿Tu hijo quiere conseguir grandes objetivos, pero existe un patrón que continúa limitando su rendimiento?

Si tu hijo entrena, trabaja, quiere conseguir grandes objetivos y, aun así, percibes que existe algún patrón invisible que continúa apareciendo una y otra vez y limita su rendimiento competitivo, podemos analizar qué está ocurriendo en la raíz.

Solicita una llamada de admisión gratuita y una valoración personal del caso:

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Prof. Dra. Maite Iriarte Rego
Doctora en Psicología · Máster en Psicología del Deporte
Mental Coach de tenis · CEO de flowandgrow Mental-Coaching S.L.
Colegiada AO11855

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