El torneo fue la parte visible. Pero el verdadero éxito estaba en todo lo que Mael había aprendido a hacer de otra manera para poder sostenerse dentro y fuera de la pista.
Hoy rescatamos uno de los éxitos de Mael. En aquel momento, Mael volvía a ganar un torneo. Pero cuando recuerdo esta imagen, lo más importante no es el trofeo que sostenía entre sus manos.
👉 Sigue leyendo… porque detrás de aquel resultado había algo mucho más importante que no podía verse en la fotografía: el jugador en el que Mael se estaba convirtiendo.
Cuando perder generaba una enorme frustración
Cuando Mael comenzó este proceso, la realidad era muy diferente. Le costaba perder, tanto dentro de la pista como fuera de ella. Incluso una partida de parchís podía convertirse en una enorme frustración.
Poco a poco, algo empezó a cambiar.
Mael fue aprendiendo a gestionar sus emociones, a sostener la presión y a competir desde una mayor consciencia. No trabajamos únicamente para conseguir resultados, sino para construir todo lo que debía existir antes de que esos resultados pudieran llegar.
El entorno también forma parte de la transformación
Y en ese camino, el papel de su padre también fue fundamental. Escuchó, aprendió, aplicó lo trabajado y reforzó en casa cada paso del proceso.
Porque el cambio no lo sostiene únicamente el jugador. El entorno también forma parte de esa transformación.
Cuando trabajamos con un jugador joven, aquello que ocurre fuera de la pista también forma parte de su proceso. En el caso de Mael, su padre acompañó y reforzó aquello que íbamos trabajando para que ese aprendizaje pudiera seguir construyéndose también en casa.
El torneo fue la parte visible
Este torneo fue la parte visible, pero el verdadero éxito de Mael estaba en todo lo que había aprendido a hacer de otra manera: dejar de reaccionar, comprender lo que sentía y competir con mayor seguridad.
Por eso, cuando vuelvo a esta imagen, no veo únicamente un trofeo.
Veo el proceso que había detrás.
Veo a un jugador que estaba aprendiendo a relacionarse de otra manera con sus emociones, con la presión y con aquello que ocurría cuando las cosas no salían como esperaba.
Y veo también la importancia de un entorno dispuesto a acompañar ese crecimiento.
Lo que de verdad deja huella es la transformación
Hoy recordamos aquel resultado, pero, sobre todo, damos protagonismo al jugador en el que Mael se estaba convirtiendo.
Porque los resultados merecen celebrarse. Forman parte del deporte y de todo el esfuerzo que existe detrás. Pero hay aprendizajes que permanecen mucho más allá de un torneo.
Porque lo que de verdad deja huella no es el trofeo. Es la transformación. 💙🎾
Enhorabuena, Mael.
Seguimos creciendo.
Maite Iriarte Rego
Mental Coach de tenis · flowandgrow
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