Una semifinal en un ITF J60 puede verse en el cuadro. La madurez competitiva que está construyendo, no.
Abril acaba de alcanzar las semifinales de un torneo ITF J60. Por supuesto que es un resultado que merece ser celebrado. Competir internacionalmente, avanzar rondas y llegar a las fases finales supone un paso más en el camino de cualquier jugadora junior que aspira al alto rendimiento.
👉 Sigue leyendo… porque el avance que más valoro de Abril no aparece en el cuadro del torneo ni en su ranking. Está ocurriendo dentro de ella.
Abril está empezando a comprender algo fundamental para su futuro como jugadora:
Querer llegar lejos no es suficiente. Hay que convertirse en la persona capaz de cumplir las condiciones que exige llegar hasta allí.
Cuando los padres quieren más que el jugador
Existe una situación que encuentro constantemente trabajando con familias de jugadores de competición.
El jugador tiene talento, objetivos y entrena muchas horas. La familia invierte tiempo, dinero y energía en su carrera. Y, sin embargo, son los padres quienes terminan sosteniendo una parte enorme del proceso.
Le recuerdan lo que tiene que hacer, organizan permanentemente su agenda, resuelven sus problemas, anticipan dificultades, controlan si ha cumplido sus tareas e intervienen cuando algo no funciona.
Todo ello suele hacerse con la mejor intención: ayudar.
El problema aparece cuando ayudar demasiado impide desarrollar precisamente las capacidades que ese jugador necesitará para competir algún día de manera autónoma.
Porque llegará un momento en el que mamá o papá no podrán entrar en la pista. Y entonces será el jugador quien tendrá que decidir, gestionar la frustración, encontrar soluciones, asumir las consecuencias y reorganizarse cuando algo no salga como esperaba.
El alto rendimiento necesita autonomía
Uno de los cambios que estamos trabajando con Abril consiste precisamente en esto.
No solamente estoy trabajando con ella. También estamos trabajando con su padre para comprender cuándo acompañarla y cuándo dejar espacio para que sea ella quien asuma progresivamente la responsabilidad sobre su carrera.
Porque madurar competitivamente significa aprender a tomar decisiones, organizarse, equivocarse, asumir las consecuencias, corregir y volver a actuar.
Esto forma parte de lo que en flowandgrow trabajamos como construcción de la arquitectura interna del jugador.
El cambio que estoy viendo en Abril
Durante este proceso estoy observando algo especialmente importante:
Abril se está ordenando.
Está aumentando su compromiso con el trabajo, está comprendiendo mejor que determinados objetivos requieren determinadas condiciones y está empezando a responsabilizarse más de cumplirlas.
Ese cambio puede parecer pequeño desde fuera. Para mí, no lo es.
Porque cuando una jugadora deja de necesitar permanentemente que alguien desde fuera sostenga su proceso y empieza a sostenerlo desde dentro, estamos construyendo algo mucho más importante que una victoria determinada:
estamos construyendo madurez competitiva.
Y paralelamente estamos trabajando con su entorno para que ese crecimiento pueda producirse.
El objetivo de un padre no debería ser conseguir que su hijo nunca se equivoque. Debería ser ayudarle a desarrollar las herramientas necesarias para que, cuando se equivoque, sepa qué hacer después.
Primero cambia el jugador. Después llegan otros resultados.
Y ahora ha llegado una semifinal en un J60.
¿Es consecuencia directa de todo este trabajo? Sería demasiado simplista afirmarlo.
Un resultado deportivo depende de multitud de variables: nivel tenístico, preparación física, rivales, circunstancias competitivas y muchos otros factores.
Pero hay algo que me interesa mucho más: el tipo de jugadora que Abril está empezando a construir.
Mi objetivo no es trabajar para conseguir una semifinal determinada. Es ayudar a construir una jugadora capaz de generar resultados cada vez de mayor nivel porque dispone de una estructura mental, emocional y competitiva cada vez más sólida.
El resultado importa. Por supuesto que importa.
Pero también nos proporciona información sobre el proceso.
Y esta semifinal es otra pieza dentro de una evolución mucho mayor.
Padres: acompañar no significa controlar
Esta quizá sea una de las partes más difíciles del camino.
Cuando has invertido muchísimo en la carrera deportiva de tu hijo y sabes todo lo que está en juego, resulta muy tentador intervenir constantemente.
Pero existe una pregunta incómoda que merece la pena hacerse:
¿Estoy preparando a mi hijo para que algún día pueda sostener su carrera o estoy haciendo que su carrera funcione porque yo la sostengo?
No es lo mismo.
Un jugador de alto rendimiento necesita desarrollar progresivamente criterio propio, responsabilidad, autonomía, capacidad para resolver problemas y regulación emocional.
Y eso solamente puede aprenderse teniendo espacio para practicarlo.
Incluso cuando eso significa equivocarse.
El verdadero éxito de Abril
Por eso hoy celebro su semifinal. 🎾
Celebro el resultado, pero celebro todavía más su creciente compromiso, su mayor responsabilidad, su capacidad para organizarse mejor y el espacio que está empezando a ocupar como protagonista de su propia carrera.
Y celebro también el trabajo de su entorno para aprender una nueva manera de acompañarla.
Porque quizá dentro de unos años nadie recuerde esta semifinal concreta.
Pero las capacidades que Abril está construyendo ahora pueden acompañarla durante toda su carrera.
Eso es lo que realmente estamos entrenando. 💙
¿Tu hijo tiene tenis, pero todavía no consigue sostenerlo cuando compite?
Si tienes la sensación de que su nivel tenístico está creciendo más rápido que su madurez mental, emocional o competitiva, podemos evaluar juntos qué está ocurriendo.
🎾 Reserva una sesión gratuita de evaluación personal conmigo y analizaremos en qué punto se encuentra actualmente su desarrollo competitivo y qué puede estar frenando su evolución.
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Maite Iriarte Rego
Psicóloga del deporte · Mental Coach de tenis
flowandgrow
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