La verdadera autonomía no consiste solo en tomar tus propias decisiones, sino en responsabilizarte de hacia dónde te llevan
Hace poco, Mielgo recordaba en uno de sus reels una conversación que tuvimos cuando Carlos Alcaraz se separó de Juan Carlos Ferrero. En aquel momento existían muchas dudas alrededor de una decisión de enorme trascendencia. Ferrero había acompañado a Alcaraz durante años y había sido una figura fundamental en su desarrollo como jugador.
👉 Sigue leyendo… porque volar por tu cuenta puede ser una señal de madurez, pero hay una segunda parte mucho más exigente: responsabilizarte de hacia dónde te está llevando tu vuelo.
La pregunta parecía inevitable: ¿qué iba a ocurrir con Carlos sin Ferrero? Y yo planteé entonces otra posibilidad: «¿Y si precisamente ahora necesita volar por su cuenta?»
Porque separarse de una figura que ha sido fundamental en tu desarrollo no significa necesariamente rechazar todo lo construido anteriormente. A veces significa que ha llegado una nueva etapa, una etapa en la que el deportista necesita dejar de ser únicamente el jugador dirigido por otros para convertirse progresivamente en el responsable de su propia carrera.
Y sigo pensando que esa interpretación es perfectamente posible en el caso de Alcaraz. Pero hoy añadiría algo que entonces no dije: volar por tu cuenta también significa asumir la responsabilidad de comprobar hacia dónde te está llevando tu vuelo.
Independencia y madurez no son lo mismo
En el deporte de alto rendimiento existe una diferencia enorme entre independencia y autonomía. La independencia puede quedarse simplemente en: «Ahora decido yo.» La verdadera madurez añade algo bastante más incómodo: «Ahora decido yo y también me responsabilizo de las consecuencias de mis decisiones.»
Un jugador puede decidir descansar más, competir menos, organizar su calendario de una manera diferente, cambiar de entrenador, modificar su preparación, proteger determinados espacios de su vida personal o construir una carrera completamente diferente a la de Nadal, Federer o Djokovic. Todo eso forma parte de su libertad.
Pero después llega inevitablemente la segunda parte: ¿hacia dónde me están llevando esas decisiones? Porque que una decisión sea mía no significa necesariamente que sea la decisión adecuada para el objetivo que yo mismo he elegido.
Volar por tu cuenta no significa cambiar las coordenadas del destino
Esta metáfora me parece especialmente potente para entender el alto rendimiento. Puedes escoger la ruta, la velocidad, hacer escalas y encontrar un camino completamente diferente al que siguieron quienes llegaron antes que tú. Y quizá descubras incluso una manera mejor de llegar.
Pero si has decidido llegar a un destino determinado, tendrás que comprobar periódicamente si realmente estás avanzando hacia él. Y, si no lo estás, tendrás que corregir el rumbo.
Eso no disminuye tu autonomía. Eso es precisamente ejercerla. Porque autonomía no significa ausencia de condiciones. Significa asumir conscientemente las condiciones que acompañan a aquello que has decidido conseguir.
De «mi entrenador decide» a «yo dirijo mi carrera»
Existe una visión de la madurez deportiva que considero demasiado simplista. Pensamos que un deportista madura cuando deja de hacer lo que otros le dicen y comienza a tomar sus propias decisiones. Pero eso es solamente una parte del proceso.
La verdadera evolución sería pasar de «mi entrenador decide por mí» a «ahora hago lo que yo quiero», y finalmente llegar a: «Yo decido qué quiero conseguir, elijo cómo voy a intentar conseguirlo, observo qué consecuencias producen mis decisiones y modifico el camino cuando sea necesario.»
Ese tercer nivel es mucho más exigente. Porque ya no basta con reclamar libertad. Hay que asumir responsabilidad.
¿Qué ocurre cuando «mi manera» no funciona?
Aquí aparece uno de los grandes conflictos de la autonomía. Cuando una persona ha luchado mucho por tomar sus propias decisiones, puede acabar identificándose con ellas. Entonces deja de defender únicamente una estrategia y empieza a defender una parte de su identidad: «Esta es mi manera.»
Pero una estrategia no debería convertirse en identidad, porque entonces resulta mucho más difícil modificarla. En alto rendimiento necesitamos poder decir: «Esta fue mi decisión. La tomé con la información que tenía. Ahora tengo nueva información y voy a cambiarla.»
Eso no es fracasar ni perder libertad. Eso es aprender. Un jugador puede descubrir que necesita más descanso o menos, competir más o seleccionar mejor sus torneos, otra preparación física, otra estructura, otro entrenador, otra manera de recuperarse o una forma diferente de organizar su vida alrededor del circuito.
La pregunta no es si la primera decisión fue correcta o incorrecta. La pregunta es: ¿soy capaz de observar lo que produce y modificarla cuando sea necesario?
La autonomía también necesita resultados
Los resultados no determinan quién eres. No determinan tu valor. No determinan si eres una buena o mala persona. Pero cuando has elegido un objetivo deportivo, sí proporcionan información sobre la eficacia de tu proyecto.
Si un jugador quiere llegar al Top 500, tendrá que observar si su ranking se aproxima progresivamente al Top 500. Si quiere ganar determinados torneos, tendrá que comprobar si está desarrollando el nivel necesario para ganarlos. Y si quiere construir una carrera histórica, tendrá que observar si las decisiones que está tomando lo acercan realmente a ese objetivo.
No para vivir esclavizado por el resultado, sino para utilizarlo como información. Porque existe una diferencia enorme entre que el resultado determine tu identidad y que el resultado oriente tus decisiones profesionales.
Lo primero puede destruir a un deportista. Lo segundo forma parte inevitable del alto rendimiento.
El caso Alcaraz es especialmente interesante
Por eso me parece tan fascinante observar esta etapa de Carlos Alcaraz. Quizá necesitaba precisamente separarse de Ferrero. Quizá necesitaba experimentar qué significa dirigir su propia carrera. Quizá necesita descansar más, una estructura diferente o construir una relación con el tenis distinta a la de otros grandes campeones.
Y quizá encuentre una fórmula extraordinariamente eficaz. Si funciona, habrá demostrado algo muy interesante: que existía otra manera de llegar.
Pero si determinadas decisiones no producen aquello que busca, entonces aparecerá otra prueba de madurez todavía mayor: ser capaz de cuestionar su propia manera. Porque cuando vuelas por tu cuenta ya no basta con celebrar que eres tú quien lleva los mandos. También tienes que mirar los instrumentos, comprobar la dirección, interpretar la información y corregir el rumbo cuando sea necesario.
La autonomía sin responsabilidad no es verdadera autonomía
Esto no ocurre únicamente con deportistas de élite. Lo veo continuamente en jugadores jóvenes. Llega un momento en el que quieren tener voz, decidir, que se respeten sus emociones, organizar determinadas cosas a su manera y dejar de sentirse dirigidos permanentemente por padres, entrenadores o academias.
Y eso forma parte de crecer. Pero hay una segunda pregunta que debemos enseñarles a responder: ¿estás dispuesto también a responsabilizarte de las consecuencias de tus decisiones?
Porque si quiero decidir cuándo entreno, también tengo que responsabilizarme de mi preparación. Si quiero decidir mi calendario, también tengo que responsabilizarme de mis resultados. Si quiero mayor autonomía respecto a mi entrenador, también tengo que asumir una mayor responsabilidad sobre mi carrera. Y si quiero que mis padres dejen de decidir determinadas cosas por mí, tengo que empezar a sostener yo aquello que antes sostenían ellos.
La autonomía no elimina la responsabilidad. La multiplica.
Volar solo también significa aprender a corregir el rumbo
Por eso sigo pensando aquello que planteé cuando Carlos Alcaraz se separó de Juan Carlos Ferrero: quizá necesitaba volar por su cuenta. Pero hoy completaría aquella reflexión.
Vuela por tu cuenta, construye tu camino, toma tus decisiones, equivócate, aprende y descubre tu propia manera. Pero no dejes de mirar hacia dónde te están llevando tus decisiones.
Porque ser dueño de tu carrera no significa hacer siempre lo que quieres. Significa hacerte responsable de la carrera que has decidido construir.
🧠 Yo decido.
📊 Observo qué produce mi decisión.
🎯 Compruebo si me acerca a mi objetivo.
🔄 Y rectifico cuando sea necesario.
Eso es autonomía. Eso es responsabilidad. Y eso también es madurar. 💙
¿Tu hijo está aprendiendo a dirigir su carrera o solamente a reclamar autonomía?
En flowandgrow trabajamos precisamente en la construcción de esa arquitectura interna: jugadores capaces de tomar decisiones, gestionar sus emociones, asumir responsabilidad y sostener las exigencias del camino que ellos mismos han elegido.
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Prof. Dra. Maite Iriarte Rego
Psicóloga del Deporte · Mental Coach de tenis
CEO de flowandgrow Mental-Coaching S.L.
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