La diferencia invisible entre resistir lo que ocurre en pista y transformarlo en un estado de libertad competitiva.
Muchos jugadores creen que el trabajo mental consiste en “aceptar” lo que pasa en pista: aceptar el error, aceptar el resultado, aceptar que hoy no ha salido.
Y sí… a primera vista parece correcto.
Pero no es suficiente.
Porque en la mayoría de los casos, lo que se llama “aceptar” es en realidad otra cosa: “no me gusta, pero lo tengo que aguantar”, “vale… pero estoy frustrado por dentro” o “lo tolero, pero sigo en tensión”.
Y desde ahí el jugador sigue luchando internamente, sigue en resistencia y sigue bloqueado.
👉 Sigue leyendo… porque la diferencia entre aceptar y aprobar cambia completamente la forma de competir.
Un gran competidor no acepta. APRUEBA.
Y esto lo cambia todo.
¿Qué significa aprobar?
Significa que no hay resistencia interna frente a lo que ha pasado. No hay lucha contra la realidad, no hay juicio negativo sobre uno mismo, y aunque el resultado no guste, se asume, se integra y se toma responsabilidad desde ahí.
Cuando solo aceptas, todavía hay tensión. Pero cuando APRUEBAS, hay algo diferente: hay libertad, hay claridad y hay presencia.
Y esto no es algo que simplemente se entiende. Es algo que se encarna.
Porque cuando realmente apruebas una situación, dejas de reaccionar desde el bloqueo y empiezas a actuar desde un lugar mucho más estable.
El cambio que se produce en la competición
Cuando el jugador deja de aceptar y empieza a aprobar, cambia su forma de competir.
El error deja de pesar tanto. El resultado deja de condicionar. El rival deja de intimidar.
Y el jugador empieza a moverse desde otro lugar: más sólido, más libre y más claro.
No es una mejora técnica.
Es un cambio de estado interno.
La clave que casi nadie entrena
Por eso esta es una de las claves mentales más importantes en competición.
No se trata de aceptar lo que ocurre.
Se trata de aprobarlo completamente.
Porque cuando un jugador es capaz de aprobar cualquier situación dentro de la pista, su nivel de libertad competitiva cambia por completo.
Y cuando eso ocurre, deja de competir desde la tensión… y empieza a competir desde su verdadero nivel.
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