Un sí no es suficiente: cuando los padres quieren el cambio más que el jugador

Un sí no es suficiente: cuando los padres quieren el cambio más que el jugador

Un sí no es suficiente: cuando los padres quieren el cambio más que el jugador

Los padres pueden abrir la puerta, pero para que exista un verdadero proceso de cambio el jugador también tiene que estar dispuesto a entrar

Hay una situación que encuentro con frecuencia cuando una familia llega a mí. Los padres tienen muy claro que quieren ayudar a su hijo. Han detectado que existe una dificultad mental que está interfiriendo en su tenis: ven inseguridad, miedo, frustración, problemas para competir, falta de autonomía, dificultad para gestionar la presión o comportamientos que se repiten partido tras partido.

👉 Sigue leyendo… porque que unos padres tengan claro que quieren ayudar a su hijo no significa necesariamente que el jugador esté preparado para protagonizar ese cambio. Y esa diferencia puede determinar todo el proceso.

Investigan, buscan ayuda, hablan conmigo, conocen mi metodología y finalmente me dicen:

«Queremos trabajar contigo».

Pero para mí todavía falta una pregunta fundamental:

¿Y el jugador?

Porque que unos padres quieran trabajar conmigo no significa automáticamente que yo vaya a trabajar con esa familia. Antes necesito conocer al jugador.

Y necesito decidir también si podemos trabajar juntos.

Los padres pueden abrir la puerta, pero el jugador tiene que entrar

Cuando hablamos de jugadores jóvenes, los padres tienen un papel fundamental. Son quienes acompañan, invierten, organizan viajes y torneos, buscan entrenadores y academias y, muchas veces, son también los primeros en detectar que algo no está funcionando.

Por tanto, es completamente lógico que sean ellos quienes busquen inicialmente ayuda.

El problema aparece cuando confundimos dos cosas: que los padres quieran un cambio y que el jugador esté preparado para protagonizar ese cambio.

No son lo mismo.

La investigación sobre motivación en deporte juvenil respalda precisamente la importancia de esta distinción. Una revisión sistemática de 29 estudios, que reunió datos de más de 9.000 jóvenes deportistas y más de 2.000 padres, encontró que el apoyo parental a la autonomía, una implicación adecuada y unas relaciones positivas padres-hijos están asociados con mejores resultados motivacionales.

Los padres importan muchísimo.

Pero la manera en la que ayudan importa tanto como su deseo de ayudar.

¿Quién quiere realmente el cambio?

Esta es una de las preguntas más importantes que podemos hacernos.

Porque a veces observo una situación muy concreta: los padres buscan, preguntan, organizan, recuerdan, intentan solucionar y quieren que el jugador cambie.

Y mientras tanto…

el jugador espera.

Es precisamente aquí donde podemos caer en una contradicción. Queremos desarrollar un jugador autónomo, responsable y capaz de liderar su carrera, pero todos los adultos que están a su alrededor están asumiendo la responsabilidad por él.

Entonces, sin querer, podemos terminar entrenando exactamente aquello que queremos eliminar:

la dependencia.

Mi trabajo no consiste en convencer a tu hijo

Esto para mí es fundamental.

Cuando conozco por primera vez a un jugador, no estoy intentando convencerlo de que necesita un mental coach. Tampoco quiero convencerlo de que yo soy la persona adecuada para él.

Quiero escucharlo.

Quiero entender qué está viendo él, qué quiere conseguir, qué le preocupa, qué está dispuesto a cambiar, qué responsabilidad reconoce en lo que le está sucediendo y hasta qué punto está dispuesto a involucrarse en un proceso.

Porque el trabajo mental no consiste únicamente en aprender técnicas.

Implica observarse, cuestionarse, tomar decisiones, cambiar comportamientos, asumir responsabilidad, hacer cosas incómodas y, sobre todo, trasladar lo trabajado a la competición y a la vida.

Para hacer todo eso necesito al jugador. No solamente a sus padres.

«Pero mi hijo necesita ayuda»

Puede que sí.

Pero necesitar algo y estar dispuesto a trabajar sobre ello tampoco son exactamente lo mismo.

Podemos ver perfectamente desde fuera que un jugador necesita desarrollar determinadas competencias. Podemos detectar que su comportamiento le está perjudicando. Podemos incluso saber qué tendría que cambiar.

Pero si todo el sistema empieza a empujar al jugador para producir ese cambio, existe el riesgo de convertir el proceso en otra obligación externa.

Y aquí la autonomía cobra una importancia enorme.

La evidencia en deporte juvenil ha encontrado asociaciones entre el apoyo a la autonomía procedente de padres y entrenadores y formas más autodeterminadas de motivación. Un estudio realizado con 269 deportistas de entre 11 y 17 años encontró precisamente que la percepción de apoyo a la autonomía de entrenadores, padres y compañeros predecía una regulación más autónoma del comportamiento deportivo.

Esto no significa que tengamos que esperar pasivamente a que un adolescente descubra solo todo lo que necesita.

Significa algo diferente:

acompañar no es sustituir.

Por eso yo también selecciono a mis jugadores

Existe una idea que me parece importante explicar a las familias que llegan a flowandgrow.

Una evaluación no sirve únicamente para que unos padres descubran si quieren trabajar conmigo.

También sirve para que yo descubra si quiero y puedo trabajar con ese jugador y con esa familia.

Necesito evaluar varias cosas:

  • 🎾 Qué está ocurriendo realmente.
  • 🧠 Qué necesita desarrollar el jugador.
  • 🔥 Cuál es su nivel de implicación.
  • 💬 Cómo se comunica la familia.
  • 👨‍👩‍👦 Qué papel están desempeñando los padres.
  • 🎯 Qué objetivos tiene el propio jugador.
  • 🔄 Qué disposición existe para cambiar.
  • 🤝 Y si mi metodología encaja con lo que esa persona necesita.

Porque no quiero vender un programa a una familia si no considero que existen las condiciones para producir una transformación.

Eso también forma parte de mi responsabilidad profesional.

Un jugador puede empezar sin tenerlo todo claro

Ahora bien, esto tampoco significa que necesite encontrarme delante a un adolescente absolutamente convencido, motivadísimo y diciendo:

«Maite, estoy preparado para transformar mi vida».

Eso sería poco realista.

Un jugador puede llegar con dudas. Puede no entender todavía qué es el entrenamiento mental. Puede venir porque sus padres se lo han propuesto. Puede incluso pensar inicialmente que «él no tiene ningún problema».

Eso no me preocupa especialmente.

Lo que necesito descubrir es si, cuando empezamos a conversar, hay una persona ahí dentro dispuesta a mirar.

Si pregunta. Si reflexiona. Si empieza a reconocer patrones. Si existe curiosidad. Si puede hacerse responsable de alguna parte de lo que ocurre. Si aparece una intención propia.

Ahí sí tenemos material para trabajar.

El objetivo final es que deje de necesitar que lo empujes

Hay algo especialmente importante en el tenis competitivo.

A medida que un jugador crece, tendrá que tomar cada vez más decisiones por sí mismo. Tendrá que gestionar derrotas, elegir entrenadores, organizar su carrera, resolver conflictos, viajar, competir bajo presión, tomar decisiones dentro de la pista sin preguntar a nadie y asumir las consecuencias de esas decisiones.

Por eso el desarrollo de la autonomía no es un añadido bonito al entrenamiento.

Forma parte del rendimiento.

Incluso investigaciones específicas realizadas con padres de jóvenes tenistas de élite han estudiado precisamente el papel que desempeñan las familias en el desarrollo de características y habilidades psicológicas de sus hijos y las dificultades que encuentran para saber cómo apoyarlas adecuadamente.

El objetivo no debería ser construir un jugador rodeado de adultos que solucionan constantemente su carrera.

Debería ser construir progresivamente una persona capaz de liderarla.

Entonces, ¿qué papel tienen los padres?

Uno enorme.

Pero quizá diferente del que imaginamos.

No se trata de desaparecer. Tampoco de dejar que un adolescente tome absolutamente todas las decisiones sin orientación.

Se trata de ir evolucionando desde:

«Yo hago que esto ocurra»

hacia:

«Yo creo las condiciones para que tú aprendas a hacerlo».

Ese cambio es enorme.

Y también exige trabajo por parte de los padres. Porque muchas veces resulta mucho más rápido solucionar algo nosotros que esperar a que nuestro hijo aprenda a solucionarlo.

Pero el objetivo del desarrollo no es únicamente resolver el problema de hoy.

Es construir al jugador que podrá resolver los problemas de mañana.

Por eso un sí no es suficiente

Cuando unos padres me dicen «Queremos trabajar contigo», lo valoro.

Pero todavía no significa que vayamos a hacerlo.

Primero quiero conocer al jugador. Quiero escucharle. Quiero descubrir qué quiere él. Quiero entender dónde está.

Y quiero comprobar si podemos construir una alianza entre jugador, familia y mental coach en la que cada uno asuma la responsabilidad que le corresponde.

Porque mi objetivo no es conseguir que tu hijo haga lo que tú quieres.

Mi objetivo es mucho más ambicioso:

ayudarle a construir la arquitectura interna necesaria para que algún día sea él quien pueda decidir qué quiere, qué necesita y qué está dispuesto a hacer para conseguirlo.

Y ahí empieza el verdadero trabajo. 💙

¿Quieres saber si tu hijo está preparado para este proceso?

Si tienes un hijo que compite en tenis y quieres entender qué está frenando su desarrollo, qué necesita trabajar y si existe encaje entre vuestra familia, el jugador y mi metodología, puedes reservar una sesión gratuita de evaluación personal:

https://flowandgrowtenis.com/mental-coach/

Maite Iriarte Rego
Mental Coach de tenis
flowandgrow

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