No me digas lo que quiero oír: la importancia de la honestidad cuando trabajamos con un joven tenista

No me digas lo que quiero oír: la importancia de la honestidad cuando trabajamos con un joven tenista

No me digas lo que quiero oír: la importancia de la honestidad cuando trabajamos con un joven tenista

Para ayudar realmente a un jugador necesito conocer lo que está pasando, no una versión perfecta de la realidad

Hay algo que puede dificultar enormemente mi trabajo como mental coach. Y no es que un jugador pierda partidos, tenga miedo, atraviese una crisis de confianza o esté pasando por una etapa especialmente complicada. Hay algo mucho más difícil de gestionar: que las personas que estamos alrededor del jugador no tengamos toda la información.

👉 Sigue leyendo… porque una conversación incómoda a tiempo no pone en peligro un proceso. Muchas veces es precisamente lo que necesitamos para poder trabajar sobre lo que realmente está ocurriendo.

Cuando trabajo con un tenista joven, no trabajo con una realidad aislada. Alrededor de ese jugador existe todo un sistema: padres, entrenador, academia, preparación física, estudios, competición, relaciones personales y, en ocasiones, otros profesionales.

Por eso necesito conocer la realidad. No una versión perfecta de ella. No lo que pensamos que deberíamos decir. No lo que creemos que el profesional quiere escuchar.

La realidad.

La investigación en deporte juvenil lleva tiempo señalando la relevancia de las relaciones de calidad y de la comunicación entre padres, entrenadores y deportistas. Y esto es especialmente importante cuando alrededor de un jugador existen diferentes personas intentando contribuir a su desarrollo.

Cuando intentamos dar la respuesta correcta

A veces, durante una primera conversación, pregunto a una familia: ¿el jugador quiere hacerlo?, ¿estáis todos de acuerdo?, ¿tenéis disponibilidad?, ¿estáis preparados para implicaros en el proceso?

Y es muy fácil contestar: «Sí».

No necesariamente porque alguien quiera engañar. Muchas veces es porque queremos que funcione, porque estamos ilusionados, porque todavía no hemos pensado en todas las implicaciones de la decisión o porque nos cuesta poner encima de la mesa una duda cuando tenemos delante una posible solución para nuestro hijo.

Pero después empiezan a aparecer otras realidades. Quizá el jugador no está tan convencido como pensábamos. Quizá uno de los padres tiene dudas. Puede existir un problema con el entrenador que todavía no se ha contado, una exigencia académica importante, una disponibilidad diferente de la que imaginábamos o alguna circunstancia familiar o deportiva que puede afectar profundamente al proceso.

Y aquí hay algo que quiero que los padres entiendan:

No necesito que me digáis lo que quiero oír. Necesito saber qué está pasando.

La honestidad no pone en peligro el proceso

A veces confundimos honestidad con conflicto. Pensamos que expresar una duda puede generar un problema, que decir «esto no me convence» puede molestar al profesional o que reconocer «mi hijo no está tan implicado como nosotros» puede cerrar una puerta.

También podemos pensar que decir «no sé si podemos cumplir estas condiciones» nos hace parecer menos comprometidos.

Yo lo veo exactamente al contrario.

Una información difícil expresada a tiempo me permite trabajar. Una información importante que desconozco me obliga a tomar decisiones sobre una realidad incompleta.

Y esa diferencia puede ser enorme.

Por eso prefiero escuchar: «Esto me preocupa», «No estoy de acuerdo», «Mi hijo me está diciendo algo diferente», «Nuestra situación ha cambiado», «No sé si podemos comprometernos con esto» o «Hay algo que todavía no tenemos claro».

Eso no destruye una alianza.

Eso permite construir una alianza real.

El problema de trabajar con realidades diferentes

Imaginemos una situación. Los padres creen que el jugador quiere una cosa. El entrenador interpreta otra. El jugador piensa algo completamente diferente, pero no lo expresa. Y el mental coach empieza a intervenir con la información que ha recibido.

Tenemos entonces cuatro personas intentando ayudar al mismo deportista, pero trabajando sobre cuatro realidades distintas.

Ahí empiezan muchos problemas.

No necesariamente porque alguien esté haciendo mal su trabajo, sino porque la información no está circulando. Además, padres, entrenadores y jugadores no siempre perciben de la misma manera las habilidades psicológicas o las necesidades del deportista.

Por eso preguntar, contrastar y escuchar no son detalles secundarios. Forman parte del proceso.

No busco padres que estén siempre de acuerdo conmigo

Esto también quiero dejarlo muy claro. No necesito trabajar con familias que estén siempre de acuerdo conmigo. De hecho, me preocuparía bastante una relación profesional en la que nadie cuestionara nunca nada.

Durante un proceso de desarrollo aparecerán decisiones difíciles. Habrá derrotas, cambios de entrenador, problemas de calendario, dudas y momentos en los que el jugador diga una cosa y los padres piensen otra.

Habrá situaciones en las que yo vea algo que quizá la familia todavía no está viendo. Y otras en las que sean los padres quienes tengan una información que yo necesito conocer.

Una alianza sólida no significa pensar todos igual. Significa que podemos hablar cuando no pensamos igual.

Cuando interviene un profesional del mental coaching dentro de un sistema en el que ya existen jugador, padres, entrenador y otras figuras, aumenta todavía más la necesidad de coordinación, transparencia y claridad en los roles.

Tu hijo observa cómo nos relacionamos los adultos

Y existe otra dimensión que me parece todavía más importante.

Queremos desarrollar jugadores capaces de comunicar, expresar lo que necesitan, ser autónomos, poner límites, pedir ayuda, asumir responsabilidad, mantener conversaciones difíciles con sus entrenadores y aprender a liderar su propia carrera.

Pero después los adultos que estamos alrededor de ellos evitamos las conversaciones incómodas.

¿Qué estamos modelando entonces?

La educación emocional de un jugador no sucede solamente durante una sesión de mental coaching. También sucede observando cómo nos comportamos los adultos cuando aparece un problema.

Si algo cambia, lo hablamos. Si no entendemos algo, preguntamos. Si no estamos de acuerdo, lo expresamos. Si hemos cometido un error, lo reconocemos. Y si necesitamos modificar una decisión, lo planteamos.

Eso también es inteligencia emocional.

La confianza no consiste en evitar conversaciones difíciles

Para mí, una buena relación entre una familia y un profesional no es aquella en la que nunca ocurre nada incómodo.

Es aquella en la que, cuando ocurre, podemos hablar de ello.

Con respeto. Con claridad. Sin necesidad de defender posiciones ni intentar demostrar quién tiene razón. Y recordando siempre para qué estamos allí: para contribuir al desarrollo del jugador.

Por eso, cuando una familia empieza a trabajar conmigo, no espero perfección.

Espero implicación, responsabilidad, comunicación y honestidad.

Porque muchas veces el problema que termina deteriorando un proceso no es aquello que sucedió. Es todo lo que no nos atrevimos a hablar sobre lo que estaba sucediendo.

Y cuanto más alto quiere llegar un jugador, más importante es que el sistema que construimos a su alrededor sea capaz de comunicarse con claridad.

Porque la honestidad no debilita un proceso.

La honestidad nos da la información que necesitamos para hacerlo funcionar. 💙

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Si tu hijo compite en tenis y quieres valorar qué está ocurriendo realmente en su parte mental, qué necesita desarrollar y si mi metodología puede encajar con él y con vuestra familia, puedes reservar una sesión gratuita de evaluación personal:

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Maite Iriarte Rego
Psicóloga especializada en tenis · Mental Coach
flowandgrow

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