Si estás esperando a que tu hijo madure para ayudarle, puede que estés esperando justamente lo que necesita aprender

Si estás esperando a que tu hijo madure para ayudarle, puede que estés esperando justamente lo que necesita aprender

Si estás esperando a que tu hijo madure para ayudarle, puede que estés esperando justamente lo que necesita aprender

El compromiso, la responsabilidad y la madurez mental-emocional también se desarrollan. ¿Por qué esperamos que un joven tenista demuestre que ya posee precisamente las capacidades que necesita aprender?

Hay una frase que escucho con mucha frecuencia cuando hablo con padres de jóvenes tenistas: «Cuando vea que realmente se compromete, entonces buscaremos ayuda». Otras veces cambia ligeramente: «Quiero que salga de él», «Necesito saber que realmente lo va a aprovechar», «Cuando madure un poco más, trabajaremos la parte mental» o «Primero tiene que demostrarme que realmente quiere llegar lejos».

👉 Sigue leyendo… porque quizá aquello que estás esperando que tu hijo te demuestre sea precisamente lo que todavía necesita aprender a desarrollar.

Como padre o madre, este razonamiento parece completamente lógico. Nadie quiere invertir tiempo, energía y dinero en un proceso que su hijo no va a aprovechar.

Pero existe una contradicción que muchas familias no están viendo: ¿y si la dificultad para comprometerse, responsabilizarse y sostener aquello que dice que quiere es precisamente una parte del problema que necesita aprender a transformar?

Querer llegar lejos no significa saber sostener lo que exige llegar lejos

Un jugador puede querer ganar, mejorar su ranking, jugar Tennis Europe, ITF o llegar algún día al tenis profesional. Puede entrenar muchas horas y estar convencido de que quiere conseguirlo.

Y, sin embargo, cuando aparecen las verdaderas exigencias de ese objetivo, puede frustrarse y desconectarse, perder la concentración cuando el partido se complica o abandonar mentalmente cuando las cosas no salen como esperaba.

También puede prometer determinados cambios que después no sostiene, necesitar constantemente que sus padres o entrenadores estén detrás de él, rechazar correcciones cuando se siente cuestionado o querer el resultado sin saber todavía sostener las condiciones necesarias para conseguirlo.

Entonces algunos padres llegan a una conclusión: «¿Ves? Todavía no está preparado».

Yo invitaría a plantearse otra posibilidad:

¿Y si todo esto demuestra precisamente por qué necesita ayuda?

Porque si un adolescente ya tuviera la madurez, la responsabilidad, la constancia, la autorregulación y la capacidad de compromiso necesarias para cambiar estos patrones por sí mismo, probablemente muchos de ellos ya habrían cambiado.

No puedes exigir como requisito lo que precisamente necesita desarrollar

Aquí aparece una de las paradojas más importantes que encuentro en el trabajo con jóvenes deportistas.

Esperamos que el jugador madure antes de ayudarle a desarrollar madurez. Esperamos que se responsabilice antes de ayudarle a desarrollar responsabilidad. Esperamos que aprenda a comprometerse antes de acompañarle en la construcción de un compromiso real.

También esperamos que se autorregule antes de enseñarle a comprender y regular lo que ocurre dentro de él.

Es decir, le pedimos como condición de entrada aquello que precisamente debería ser parte del resultado del proceso.

Por supuesto que el jugador tiene que poner de su parte. Tiene que existir una disposición mínima y tiene que estar dispuesto a escuchar, probar, equivocarse, cuestionarse y asumir progresivamente responsabilidad.

Ningún profesional puede hacer el trabajo por una persona que se niega completamente a participar.

Pero hay una diferencia fundamental entre decir «No quiero hacer absolutamente nada por cambiar» y decir «Quiero llegar lejos, pero todavía no sé responsabilizarme y sostener todo lo que ese objetivo exige».

No son el mismo problema.

Disposición no es lo mismo que madurez

Un adolescente puede estar dispuesto a mejorar y, al mismo tiempo, mostrar comportamientos inmaduros. De hecho, precisamente por eso sigue estando en proceso de desarrollo.

Puede decir hoy que quiere algo y mañana sentirse desmotivado. Puede entender perfectamente una idea fuera de la pista y olvidarla cuando aparece la presión. Puede comprometerse sinceramente y después no saber sostener ese compromiso cuando llega la incomodidad.

También puede querer ser autónomo y seguir necesitando estructura externa. Puede querer convertirse en profesional y todavía comportarse en determinadas situaciones de una manera incompatible con ese objetivo.

Esto no significa necesariamente que no quiera.

Significa que existe una distancia entre la persona que actualmente es y la persona que necesita aprender a ser para sostener el proyecto que desea construir.

Y precisamente ahí comienza el desarrollo.

Mientras esperas, el patrón sigue entrenándose

Existe además otro problema con el «vamos a esperar a que madure».

El tiempo no siempre es neutral.

Mientras esperamos, el jugador sigue entrenando y compitiendo. Sigue enfrentándose a errores, sintiendo presión, perdiendo partidos y relacionándose con sus padres y entrenadores. Y sigue respondiendo ante todas esas situaciones desde los patrones que ya tiene construidos.

Por eso, mientras una familia espera, siguen pasando torneos y escapándose partidos que el jugador tenía tenis para ganar. Puede aumentar la frustración, deteriorarse progresivamente la confianza y aumentar los conflictos familiares alrededor del tenis.

Además, una reacción inicialmente puntual puede convertirse en una forma habitual de funcionar.

Un patrón repetido muchas veces no necesariamente desaparece con el tiempo. También puede consolidarse.

Los padres también forman parte del proceso

Y aquí llegamos a una cuestión todavía más importante.

Cuando hablamos de un menor, el desarrollo no depende exclusivamente del jugador. También importa enormemente el contexto que le rodea.

Por eso hay una pregunta que considero fundamental para cualquier padre o madre de un joven deportista:

«¿Estamos preparados para sostener durante un tiempo aquello que nuestro hijo todavía no sabe sostener solo?»

Sostener no significa perseguirle, controlar cada movimiento, hacer el trabajo por él ni obligarle a convertirse en el jugador que nosotros queremos.

Significa ejercer liderazgo parental mientras él desarrolla progresivamente su propio liderazgo.

¿Qué significa sostener realmente?

Significa tomar decisiones, porque un adolescente no siempre dispone todavía de toda la perspectiva necesaria para valorar qué necesita para su desarrollo. También significa ser valientes y abordar determinados problemas antes de que una crisis, una caída de resultados o un bloqueo prolongado obliguen a hacerlo.

Significa poner límites y ayudarle a comprender que determinadas conductas tienen consecuencias y que no todo comportamiento es compatible con el proyecto deportivo que dice querer.

Significa ser coherentes, de manera que exista correspondencia entre aquello que decimos que es importante y las decisiones que tomamos. Y significa ser consecuentes, sin retirar un límite simplemente porque mantenerlo resulte incómodo o porque nuestro hijo proteste.

También significa no rescatar constantemente, porque experimentar las consecuencias de nuestras propias decisiones forma parte del aprendizaje de la responsabilidad.

Y significa estar alineados como padres.

Si uno sostiene constantemente una dirección mientras el otro la desautoriza, retrocede o rescata al jugador de cualquier incomodidad, será mucho más difícil que el adolescente construya una estructura interna coherente.

El objetivo es que algún día ya no necesite que lo sostengáis

Esta parte es esencial.

El objetivo de un buen proceso no debería ser generar dependencia del jugador respecto de sus padres ni respecto del profesional. Exactamente al contrario.

Al principio puede necesitar más estructura externa, pero progresivamente esa estructura debe convertirse en estructura interna.

Hasta que sea él quien pueda responsabilizarse de sus decisiones, regularse cuando aparece la frustración, sostener compromisos aunque desaparezca la motivación y aceptar consecuencias.

También debe aprender a tomar decisiones coherentes con sus objetivos y a liderar su propio proyecto deportivo.

Los padres sostienen temporalmente para que el jugador aprenda progresivamente a sostenerse a sí mismo.

La parte mental no consiste únicamente en aprender herramientas

Cuando un jugador se bloquea en competición, es frecuente buscar soluciones rápidas: «Tiene que respirar», «Tiene que pensar positivo», «Tiene que olvidar el punto anterior» o «Tiene que concentrarse en el siguiente punto».

Todas estas herramientas pueden ser útiles.

Pero existe una pregunta anterior:

¿Por qué, aun sabiendo perfectamente lo que debería hacer, no consigue hacerlo cuando realmente importa?

Ahí empieza para mí el verdadero trabajo.

Porque cuando determinados comportamientos aparecen una y otra vez, no basta siempre con actuar sobre el síntoma. Hay que comprender qué estructura interna está generándolo.

¿Qué ocurre con su relación con el error? ¿Cómo construye su confianza? ¿Qué necesita demostrar? ¿Cómo responde ante la frustración? ¿Qué relación tiene con la responsabilidad?

¿Qué hace cuando desaparece la motivación? ¿Cómo interpreta las expectativas de sus padres, entrenadores o entorno? ¿Qué identidad está construyendo alrededor de sus resultados?

De las herramientas a la Arquitectura Interna

En flowandgrow no trabajo únicamente para que un jugador consiga gestionar mejor sus nervios durante el próximo partido.

Trabajo sobre los patrones mentales y emocionales que están condicionando cómo ese jugador piensa, siente, decide y actúa cuando compite.

Porque el objetivo no es simplemente que disponga de más herramientas.

El objetivo es desarrollar progresivamente una Arquitectura Interna diferente.

Una arquitectura que le permita competir con mayor libertad, asumir responsabilidad, tolerar la incertidumbre, sostener la presión y comportarse cada vez de manera más coherente con aquello que dice querer conseguir.

Y cuando trabajamos con jugadores jóvenes, los padres forman inevitablemente parte de ese sistema.

Quizá no necesitas esperar otra señal

Si tienes un hijo o una hija que juega al tenis de competición y llevas meses pensando «Cuando madure», «Cuando se comprometa», «Cuando vea que realmente quiere», «Cuando cambie de actitud» o «Cuando me demuestre que lo va a aprovechar», hazte una pregunta diferente:

¿Y si aquello que estoy esperando que me demuestre es precisamente lo que necesita aprender a desarrollar?

Porque quizá ya tienes delante la señal que estás esperando.

Si tiene tenis, si trabaja, si quiere avanzar, pero competición tras competición vuelve exactamente al mismo patrón, la repetición del patrón ya te está proporcionando información.

No necesitas esperar necesariamente a que el problema sea mayor para averiguar qué está ocurriendo.

¿Qué está frenando realmente a tu hijo?

Si mientras leías este artículo has reconocido a tu hijo o a tu hija y tienes la sensación de que existe una distancia demasiado grande entre el tenis que tiene y el tenis que consigue expresar cuando compite, podemos analizar vuestro caso.

En la sesión gratuita de valoración personal estudiaré contigo qué está ocurriendo, qué patrones pueden estar frenando su evolución y si mi metodología es adecuada para ayudaros.

🎾 No esperes simplemente a que madure si lleva meses repitiendo exactamente aquello que esperas que desaparezca.

👉 Reserva aquí tu sesión gratuita de valoración personal:

https://flowandgrowtenis.com/mental-coach/

Prof. Dra. Maite Iriarte Rego
Doctora en Psicología · Máster en Psicología del Deporte
Mental-Coach de Tenis
CEO · flowandgrow Mental-Coaching S.L.
Colegiada AO11855 💙

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