Antes de cambiar su rendimiento, cambió él

Antes de cambiar su rendimiento, cambió él

Antes de cambiar su rendimiento, cambió él

El desarrollo mental de un joven tenista no empieza cuando aparece un problema en competición. Empieza construyendo a la persona que tendrá que sostener todo lo que el alto rendimiento le exigirá después.

Cuando pensamos en el trabajo mental de un tenista joven, solemos pensar inmediatamente en la competición. ¿Cómo puede controlar los nervios? ¿Cómo puede tener más confianza? ¿Cómo puede reaccionar mejor después de un error? ¿Cómo puede gestionar un 4-4, un punto de break o un partido importante? Son preguntas legítimas, pero todas ellas parten de una idea que, para mí, se queda corta: que el trabajo mental empieza cuando aparece una dificultad en la pista y termina cuando conseguimos solucionarla.

👉 Sigue leyendo… porque esta semana recibí el testimonio de la madre de un jugador de 13 años y una de sus frases resume perfectamente algo que para mí está en la raíz de un verdadero proceso de Mental Coaching.

Esta semana recibí el testimonio de la madre de un jugador de 13 años con el que llevo trabajando aproximadamente un año. Y hubo una frase que, al leerla, resumió perfectamente lo que entiendo por un verdadero proceso de Mental Coaching:

«El crecimiento que hemos visto en él como persona ha sido maravilloso.»

No hablaba primero de resultados. No hablaba de ranking. Ni siquiera hablaba de cómo estaba compitiendo.

Hablaba de quién estaba llegando a ser su hijo.

Y eso, para mí, está en la raíz de todo lo demás.

¿Qué ocurre cuando un jugador no puede competir?

Durante gran parte de este año, Tyler no ha podido competir debido a una lesión de larga duración. Para un jugador joven que está construyendo su carrera, una situación así puede vivirse como un enorme paréntesis.

Mientras otros entrenan, él tiene que esperar. Mientras otros compiten, él observa. Mientras otros suman experiencias, partidos y resultados, él puede tener la sensación de estar detenido.

Desde una mirada exclusivamente orientada al rendimiento inmediato, podríamos incluso pensar:

«Ha perdido un año.»

Yo lo vi de otra manera.

Porque si entendemos el desarrollo mental como algo mucho más profundo que aprender herramientas para competir, ese periodo también podía convertirse en una extraordinaria oportunidad.

La pregunta dejó de ser únicamente «¿Cómo conseguimos que vuelva cuanto antes al jugador que era?» y pasó a ser:

«¿Qué podemos construir durante este tiempo en la persona y en el jugador que va a regresar?»

Una lesión puede detener la competición, pero no necesariamente el desarrollo

No poder competir no significa que un jugador tenga que dejar de evolucionar. De hecho, hay aspectos fundamentales de su arquitectura interna que pueden desarrollarse precisamente cuando desaparece temporalmente la presión del resultado.

Durante este proceso hemos podido trabajar sobre elementos que serán determinantes mucho después de que termine esta lesión: una confianza en sí mismo más allá de lo que diga el último resultado, independencia para empezar a hacerse dueño de su propio proceso, responsabilidad para asumir progresivamente decisiones y consecuencias, capacidad para afrontar momentos difíciles sin necesitar que todo vaya bien para mantenerse estable y una estructura mental que no dependa exclusivamente de ganar o perder.

Su madre describe esta evolución de una manera especialmente significativa:

«Hemos visto un crecimiento real en su independencia, en la confianza que tiene con los demás y en sí mismo, y en su deseo de conseguir las cosas por sí solo.»

Eso es desarrollo mental.

Y no necesita un marcador para existir.

Herramientas mentales y arquitectura interna no son lo mismo

Esta distinción es central en mi manera de entender el Mental Coaching.

Un jugador puede aprender a respirar antes de un punto importante, desarrollar una rutina entre puntos, utilizar determinadas palabras para recuperar la concentración o aprender una estrategia para reducir su activación antes de un partido.

Todo eso puede ser útil.

Pero son herramientas.

Y una herramienta no sustituye la estructura de la persona que tiene que utilizarla.

Si el jugador continúa dependiendo completamente de la aprobación externa, la respiración no resolverá la raíz. Si interpreta el error como una amenaza a su propia valía, una rutina puede ayudarle momentáneamente, pero no necesariamente transformará el patrón. Si necesita ganar para confiar en sí mismo, podemos mejorar su diálogo interno y continuar dejando intacta la estructura que genera el problema.

Por eso, en flowandgrow, mi trabajo no consiste solamente en preguntar:

«¿Qué tiene que hacer este jugador para competir mejor?»

Hay una pregunta anterior:

«¿Quién necesita llegar a ser para poder sostener el nivel competitivo al que aspira?»

Antes del competidor está la persona

A los 13 años no estamos trabajando con un producto terminado. Estamos acompañando a una persona en plena construcción.

Su manera de interpretar el éxito y el fracaso se está formando. Su relación con la responsabilidad se está formando. Su autonomía se está formando. Su capacidad para tolerar la frustración se está formando. La manera en la que se relaciona consigo mismo cuando algo sale mal también se está formando.

Y, al mismo tiempo, le pedimos que compita, que gane, que gestione presión, que tome decisiones, que tolere derrotas y que trabaje todos los días por objetivos que pueden estar a años de distancia.

Por eso me parece insuficiente esperar a que aparezca un problema competitivo para empezar a trabajar la mente.

La parte mental no debería ser una intervención de emergencia. Debería formar parte del proceso de construcción del jugador.

Ahora llega otra fase: llevar esa arquitectura a la pista

Tyler está volviendo progresivamente al tenis. Y comienza una fase que me parece especialmente interesante.

Durante este periodo hemos trabajado mucho sin disponer de una competición regular que nos permitiera observar cómo se expresaban todos estos cambios bajo presión. Ahora podremos empezar a comprobarlo.

Porque la evolución personal y la evolución competitiva están relacionadas, pero no son exactamente lo mismo.

Habrá que trasladar progresivamente esa mayor independencia a la pista. Esa confianza tendrá que sostenerse también cuando aparezcan errores. La responsabilidad tendrá que expresarse en su manera de entrenar y competir. Y la nueva estructura mental tendrá que enfrentarse al marcador, a la expectativa, a la frustración y a la incertidumbre real de un partido.

Ahí comienza el siguiente nivel del proceso.

No se trata de pensar: «Ya hemos trabajado la mente; ahora toca competir.»

Se trata de utilizar la competición como el siguiente escenario en el que continuar desarrollando esa arquitectura.

El verdadero indicador de progreso no siempre aparece en un ranking

Hay algo especialmente valioso en el testimonio de sus padres.

Cuando una familia lleva un año trabajando conmigo, podría valorar el proceso exclusivamente desde aquello que ocurre en la pista. Pero su madre pone el foco precisamente en otro lugar: en el crecimiento de su hijo como persona.

Y termina su valoración diciendo:

«Recomendaríamos totalmente a Maite a cualquier familia que busque una mental coach que combine una auténtica experiencia y preparación profesional con un trato cercano, humano y reflexivo.»

Agradezco profundamente esas palabras. Pero, sobre todo, agradezco la confianza que Laura y Paul han mantenido durante un periodo que no ha sido sencillo.

Porque acompañar a un jugador cuando gana es relativamente fácil. Acompañar un proceso cuando una lesión obliga a cambiar tiempos, expectativas y objetivos requiere entender que el desarrollo de un deportista no puede medirse únicamente por aquello que está ocurriendo esta semana en el ranking.

¿Qué jugador quieres que vuelva después de una dificultad?

Una lesión es solamente un ejemplo.

Puede ser una mala racha, un cambio de academia, una pérdida prolongada de confianza, una etapa de dudas, un periodo sin resultados o un momento en el que el jugador parece haberse estancado.

Ante cualquiera de estas situaciones podemos limitarnos a intentar eliminar cuanto antes el síntoma. O podemos hacernos una pregunta mucho más profunda:

¿Qué necesita construir este jugador para salir de esta etapa siendo más sólido que cuando entró?

Ahí cambia completamente el trabajo.

Porque ya no estamos intentando únicamente devolverle al punto anterior. Estamos utilizando la dificultad para construir algo que antes todavía no existía.

Construir primero a quien tendrá que sostener el rendimiento

En el tenis competitivo queremos resultados.

Y los resultados importan.

Pero cuanto mayor sea el objetivo, más sólida tendrá que ser la persona capaz de sostenerlo.

Por eso la confianza, la autonomía, la responsabilidad o la capacidad para atravesar momentos difíciles no son complementos agradables del desarrollo deportivo. Son parte de la estructura sobre la que después pretendemos construir rendimiento.

Tyler tiene 13 años. Tiene muchísimo camino por delante. No sabemos todavía qué resultados traerán los próximos años. Eso se irá construyendo.

Pero sí podemos trabajar desde ahora en algo esencial: que cuando aumenten la exigencia, la presión y la responsabilidad, exista dentro de él una estructura cada vez más preparada para sostenerlas.

Porque, muchas veces, queremos cambiar primero el rendimiento para que después cambie el jugador.

Y quizá tengamos que invertir el orden.

🔥 Antes de cambiar su rendimiento, cambió él.

Y ahora veremos hasta dónde puede llevarle ese cambio.

Porque antes de construir al competidor, tenemos que construir a la persona que será capaz de sostenerlo. 💙

🎾 ¿Qué necesita construir tu hijo para dar el siguiente paso?

Si tienes un hijo o una hija que compite en tenis y sabes que su desarrollo mental no puede seguir siendo opcional, podemos valorar en qué punto se encuentra y qué necesita construir para dar el siguiente paso.

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Prof. Dra. Maite Iriarte Rego
Psicóloga del Deporte · Mental Coach de tenis
flowandgrow

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